Los datos del desempleo de septiembre dejan una lectura con luces y sombras que conviene analizar sin triunfalismos ni dramatismos. Andalucía volvió a registrar un aumento del paro, con 6.733 personas más inscritas en las oficinas de empleo, hasta alcanzar los 536.989. El balance interanual, sin embargo, ofrece una perspectiva más favorable: hay 62.738 parados menos que hace un año, un descenso del 10,46%. Jaén tampoco escapa al repunte. La provincia incorporó 530 personas a los registros, una evolución que vuelve a poner sobre la mesa las dificultades de un mercado laboral marcado por la estacionalidad y por carencias estructurales que las cifras de un solo ejercicio no consiguen ocultar. Cada dato representa mucho más que una estadística. Detrás de cada inscripción existe una persona que busca una oportunidad, un hogar que necesita ingresos y, con frecuencia, un proyecto vital condicionado por la posibilidad de acceder a un puesto estable. Para un territorio que afronta el desafío demográfico y la salida de numerosos jóvenes, cualquier retroceso merece una respuesta.
La tierra del mar de olivos requiere consolidar una economía capaz de generar oportunidades durante todo el año. El olivar y la industria agroalimentaria constituyen pilares fundamentales, pero existen también posibilidades de crecimiento en turismo, logística, innovación y nuevas actividades industriales. El reto consiste en convertir ese potencial en riqueza, inversión y puestos de trabajo que permitan retener talento y atraer nuevos proyectos. Los sindicatos reclaman un cambio de modelo productivo que obliga a las administraciones públicas a cambiar el paso y al tejido empresarial a estar más implicado. Está claro que los jiennenses reclaman menos confrontación institucional y más acuerdos capaces de traducirse en inversiones productivas, formación adaptada a las necesidades empresariales y proyectos con capacidad real para crear actividad. Todo pasa por tener unas mejores infraestructuras.