Las obras de la Plaza de la Constitución avanzan a pasos agigantados para lucir, pronto, una nueva imagen. El Ayuntamiento aprovecha los trabajos de transformación para recuperar y conservar las baldosas tipo Gaudí que retiran los operarios con el fin de garantizar su reutilización en futuras reformas en distintos puntos de la ciudad en los que existe este pavimento. Hay lugares que definen una capital y este espacio urbano es, sin duda, uno de ellos. Se trata del escenario de encuentros cotidianos, de celebraciones, de reivindicaciones, de paseos y de la vida comercial que durante décadas dio identidad al centro de Jaén. Está claro que cualquier intervención sobre este enclave trasciende el ámbito de la obra pública para convertirse en un asunto de ciudad. El proyecto despierta expectativas, ilusiones y, por supuesto, los lógicos recelos. Los jiennenses han aprendido, con el paso del tiempo, que las grandes transformaciones urbanas no deben medirse únicamente por la calidad de una iniciativa sobre el papel, sino por el resultado final y por la capacidad de mejorar realmente la vida de quienes utilizan esos espacios. El Ayuntamiento apuesta por una plaza más accesible, más abierta, con mayor presencia de vegetación, zonas de sombra y un diseño pensado para favorecer la convivencia y la actividad comercial. Son objetivos compartibles. El urbanismo del siglo XXI exige ciudades más amables para el peatón, más sostenibles y mejor adaptadas a las necesidades de una población diversa. El verdadero éxito de esta obra no dependerá únicamente de la estética del resultado, sino de que la Plaza de la Constitución recupere el protagonismo que merece sin renunciar a borrar su identidad.