El próximo 5 de septiembre, la Estación Linares-Baeza volverá a ser escenario de una reivindicación que Jaén conoce demasiado bien: la defensa de un tren público, digno, fiable y capaz de responder a las necesidades de la provincia y de los territorios que conecta. La concentración convocada por las plataformas en defensa del ferrocarril de Jaén, Andalucía Oriental y el Centro de La Mancha casa con la última circulación del Intercity entre Madrid y Almería antes del inicio de las obras de la autopista entre Algeciras y Zaragoza. La coincidencia tiene un evidente valor simbólico. Una vez más, una intervención sobre la red coloca sobre la mesa el temor a la pérdida de conexiones y la falta de alternativas suficientes para los usuarios. Hay que dejar claro que las obras y la modernización del ferrocarril son necesarias. También lo es el impulso al transporte de mercancías por tren, en línea con los objetivos de sostenibilidad que exige el presente y que requerirá aún más el futuro. Sin embargo, ninguna transformación puede tener como consecuencia que determinados territorios soporten el coste de esa mejora sin recibir garantías sobre sus servicios. Especial atención merece la pregunta formulada por las plataformas ferroviarias: si existen planes para incorporar nuevos vehículos a otras zonas del país, ¿qué ocurre con Jaén? La respuesta debe ser clara y concreta. La provincia necesita saber qué inversiones recibirá, qué mejoras contempla el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, cómo se garantizarán las conexiones durante las obras y qué horizonte existe para acortar los tiempos de viaje con Madrid. No se trata de reclamar un trato de favor. Se trata de reclamar igualdad.