La transición energética constituye una necesidad incuestionable en un contexto de evidente cambio climático y amenaza continua, pero ninguna causa, por noble que resulte, justifica el sacrificio de un territorio sin garantías, transparencia ni respeto a quienes lo habitan. La provincia de Jaén conoce bien el valor de su paisaje, la riqueza de sus olivares y el esfuerzo de generaciones enteras que han convertido la agricultura en una seña de identidad, una fuente de empleo y un patrimonio económico, cultural y ambiental. En este sentido, el debate sobre las megaplantas fotovoltaicas exige altura de miras, rigor jurídico y una defensa firme del interés general. La tractorada convocada en Lopera representa mucho más que el rechazo de un colectivo a determinados proyectos empresariales. Expresa una preocupación legítima sobre el futuro de La Campiña y plantea una cuestión de fondo: ¿Puede la descarbonización avanzar a costa de la desaparición de suelo agrícola productivo, la transformación irreversible del paisaje y la incertidumbre de los agricultores? La respuesta exige una planificación sensata, capaz de conciliar la generación de energía limpia con la protección de los recursos que sostienen la economía jiennense. El futuro de la provincia no puede decidirse a espaldas de sus habitantes ni al dictado exclusivo de intereses empresariales, por legítimos que sean dentro del marco legal. La energía limpia debe contribuir a mejorar la vida de las personas, no a convertir el campo en un territorio de sacrificio. Jaén ha demostrado durante siglos su capacidad para producir riqueza a partir de una tierra exigente. Defenderla no significa rechazar el cambio, sino recordar que ningún avance merece ese nombre si destruye lo que da sustento.