La Aliseda es un paraje de gran valor paisajístico, situado a cinco kilómetros de Santa Elena, en un valle en las estribaciones meridionales de Sierra Morena, al lado del Parque Natural de Despeñaperros. Justo en “Barranco del Lobo”, cerca del centro de cría del lince ibérico “La Olivilla”, fue donde tuvo origen un incendio que llegó a activar el protocolo de mayor urgencia que existe en Andalucía para frenar las llamas en un rincón de especial protección y belleza de la provincia. Hay que aplaudir el trabajo desarrollado por los equipos de extinción y prevención, porque la coordinación, la rapidez y la acotación exacta del lugar del siniestro fue clave para que el fuego quedara bajo control en menos de veinticuatro horas.
El Plan de Emergencia por Incendios Forestales de Andalucía, conocido como Infoca, trabaja todo el fin de semana sobre el terreno para su remate y liquidación, una vez que las llamas afectaron a unas 160 hectáreas de suelo forestal. Las personas que, con el miedo en el cuerpo, tuvieron que ser desalojadas, con carácter preventivo, pudieron volver a sus viviendas, 40 de ellas de la pedanía de Miranda del Rey y 150, menores que se encontraban en una granja escuela situada en las proximidades del fuego. Aunque el extraordinario despliegue del Plan Infoca y la solidaridad vecinal han evitado una tragedia humana, las cicatrices en el entorno natural obligan a una profunda reflexión colectiva.
No hay que olvidar los preocupantes indicios de intencionalidad que barajan las autoridades, aunque todavía se desconocen las causas exactas del origen. El hecho de que no sea el primero que se produce en la zona en un corto periodo de tiempo no es una coincidencia climática, sino un síntoma de impunidad que atenta directamente contra la biodiversidad y la seguridad de nuestros pueblos. Aunque las condiciones de calor extremo facilitan la propagación, la mano del hombre detrás de las llamas exige una persecución judicial implacable y el endurecimiento de las penas para quienes deciden quemar nuestro futuro.