Hoy toma posesión Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía por tercera vez en su trayectoria política. Lo hace como en los comienzos, apoyado en un pacto de Gobierno que, en su estreno, fue con Ciudadanos y, ahora, con Vox, después de una legislatura con mayoría absoluta. Empieza una etapa de consolidada estabilidad institucional en la comunidad que no puede ser una simple continuación de promesas para la provincia de Jaén. La renovación del mandato en el Palacio de San Telmo debe significar, de una vez por todas, el punto de inflexión definitivo para un territorio que no puede seguir habitando en la periferia de las prioridades autonómicas. El Ejecutivo andaluz arranca en un escenario económico complejo, donde la gestión eficiente de los fondos públicos determinará el futuro de la región. En este contexto, Jaén asiste a la formación del gabinete con una mezcla de expectación y cautela. La provincia arrastra déficits estructurales históricos que van desde el endémico aislamiento ferroviario hasta la falta de culminación de infraestructuras clave por carretera, competencias que la Junta debe impulsar de forma directa o exigir con firmeza ante Madrid. El impacto de las políticas de Juanma Moreno en la sociedad jiennense se medirá en la capacidad de su gobierno para fijar la población al territorio. El respaldo sin fisuras al sector de la agricultura y el olivar y la agilización de proyectos industriales y tecnológicos, como el avance del Cetedex, son urgencias inaplazables. No se trata solo de descentralizar la inversión, sino de entender que Andalucía no avanzará a la velocidad adecuada si condena a Jaén a una posición de rezago económico y demográfico.