San Lucas está a las puertas. Jaén volverá a llenar su recinto ferial de música, encuentros y fiesta. Miles de personas pasarán por sus casetas durante unos días que forman parte de la identidad de la ciudad. La diversión, sin embargo, no puede estar reñida con la seguridad. El Punto Violeta volverá a prestar servicio en el recinto de “La Vestida”. Su presencia resulta necesaria. También lo es la coordinación con las fuerzas de seguridad, los caseteros y las prestaciones de emergencia. Toda ayuda cuenta cuando se trata de prevenir una agresión o atender a quien pueda sufrirla. La propuesta del Partido Popular para incorporar pulseras que permitan detectar posibles casos de sumisión química merece atención. No sustituyen a los protocolos policiales o sanitarios, pero pueden aportar una herramienta más. Si existen medios que pueden ayudar a prevenir riesgos, conviene estudiar su utilidad y valorar su incorporación. La seguridad de una festividad tan importante no depende de una sola medida. Tampoco de una Administración pública. Exige la colaboración de todos. Caseteros, trabajadores, servicios públicos y ciudadanos tienen un papel primordial para que, cuando termine la que cierra España, el balance sea positivo en todos los sentidos, incluida la lluvia, que siempre es bienvenida entre el albero jiennense. San Lucas debe ser un espacio de diversión, pero también de respeto. Nadie debería cambiar sus planes por miedo a sufrir una agresión. Nadie debería mirar hacia otro lado ante una situación de acoso. Una gran feria no se mide solo por su asistencia o por el ambiente. También por la tranquilidad de quienes la disfrutan. Que San Lucas sea una fiesta para todos exige algo tan básico como el respeto.