Problemas en los tanatorios
No es el caso de Jaén, pero sí de la mayor parte de las provincias de fuera de Andalucía. La actual pandemia del coronavirus supone todo un reto para las funerarias, que ven cómo no dan a basto con las incineraciones de fallecidos. El sector, además, se ve obligado a compatibilizar las medidas que buscan poner freno a la propagación del covid-19, salvaguardar la seguridad de los trabajadores y también que las personas cercanas a los fallecidos, por esta o por otra circunstancia, se puedan despedir con todas las garantías. Son diferentes las iniciativas improvisadas ante una situación que nadie preveía, entre las que destacan celebrar, una vez pasada la cuarentena, la ceremonia de despedida, así como otros servicios que buscan acompañar en el duelo en unos momentos difíciles y sumamente complejos. Son servicios esenciales, forman parte del entramado de la sanidad pública que lucha contra la pandemia que asola al mundo entero. Las medidas impuestas en los tanatorios son necesarias y obligadas en el contexto en el que nos encontramos, pero no dejan de ser duras las escenas en las que los familiares tienen que despedir a sus seres más queridos. La soledad impera en el último adiós más doloroso. El sector no ha tenido más remedio que reinventarse, como otros muchos más, para que el servicio se pueda realizar con todas las garantías, además de buscar el equilibrio entre la vocación, dar la mejor de las prestaciones, conjugarlo todo con las restricciones impuestas por el decreto de estado de alarma y preservar la salud de los profesionales. El aplauso de las ocho de la tarde, desde los balcones de prácticamente todas las casas de la provincia, va también por ellos.