Los últimos datos del informe PISA no admiten matices, interpretaciones y explicaciones y sí exigen una reacción. España obtiene sus peores resultados históricos en matemáticas, comprensión lectora y ciencias y la caída en picado hace que cerca de un tercio del alumnado no alcance el nivel mínimo de competencia en matemáticas y lectura. Andalucía no constituye una excepción, sino que forma parte de la cara más preocupante de este diagnóstico, con resultados inferiores a la media española y por debajo de la europea. Jaén no puede mirar hacia otro lado. No existe un dato específico que permita convertir la provincia en una cifra dentro de esta clasificación, pero sí existe una realidad que obliga a prestar una atención especial al problema. La tierra del mar de olivos necesita más que ninguna otra provincia andaluza una educación capaz de igualar oportunidades, retener talento y abrir horizontes. Cuando el rendimiento académico retrocede, el coste no aparece solo en un boletín de notas, sino que reluce años después en forma de menor cualificación, menos oportunidades laborales, mayor desigualdad y más dificultades para construir un proyecto de vida en el propio territorio. Lo cierto es que no hay que buscar un único culpable. El retroceso afecta a buena parte de los países desarrollados. La pandemia dejó una huella profunda, la atención y la concentración han cambiado, las pantallas forman parte de la vida cotidiana de los menores y las familias afrontan nuevas dificultades. Sin embargo, ninguna de estas circunstancias puede convertirse en una coartada permanente. El camino está en recuperar el valor del conocimiento y es cuestión de todos.