Los jiennenses pueden empezar a pensar que el tranvía funcionará con pasajeros. No dio tiempo a verlo en marcha antes de las elecciones autonómicas, por culpa de trámites burocráticos relacionados con el contrato de explotación, pero a marchas forzadas quedó firmado el acuerdo de gestión para empezar la cuenta atrás hacia el desbloqueo de una infraestructura que quedó paralizada hace quince años. El consorcio luso-español Ruiz-Barraqueiro rubrica la adjudicación por 13,2 millones de euros y, de esta forma, se estrena en una ciudad en la que tendrá que aprender a convivir con la compañía que se encarga de los autobuses urbanos, Alsa, porque el éxito o el fracaso del sistema tranviario, en parte, estará en la perfecta sincronización con el transporte público establecido. La previsión anunciada por la empresa es que comenzará a recorrer las calles de la ciudad, una vez cerradas las pruebas en blanco, en otoño. Queda mucho trabajo por hacer en la planificación de la movilidad y en la concienciación ciudadana, sobre todo después de tres lustros con las vías utilizadas como estacionamiento improvisado. Habrá que ver a qué precio quedará establecido el billete, si se permite el transbordo o si, por ejemplo, el aparcamiento de Vaciacostales funcionará como un parking disuasorio. Lo que sí está claro es que, bien conformadas todas las líneas, el nuevo modelo de transporte público está llamado a invitar a los jiennenses a dejar el vehículo privado en casa e, incluso, a quienes llegan desde los municipios hasta la capital, a usar el tranvía para realizar sus gestiones y, de esta manera, contribuir a eliminar la congestión y la contaminación ambiental que existe en este momento. Son más los beneficios que los inconvenientes.