El arreglo de la carretera de Jabalcuz es una buena noticia. Conviene decirlo, porque durante demasiado tiempo, acceder a uno de los parajes más representativos y emblemáticos de la capital ha sido una prueba de paciencia para vecinos y visitantes. Una infraestructura digna no es un lujo: es el mínimo exigible para un espacio que forma parte del patrimonio y de la memoria de esta ciudad. Sin embargo, será un error dar por resuelto el problema cuando termine el asfaltado. Hay que subrayar que la carretera conduce a un Jabalcuz que lleva demasiado tiempo esperando también la atención de las administraciones públicas. Las termas, el entorno y todo el paraje merecen bastante más que intervenciones puntuales y promesas que se diluyen con el paso de los años. Uno de los rincones con más historia y más relevantes desde el punto de vista paisajístico de Jaén no es únicamente una carretera. No es únicamente un balneario abandonado ni un regalo de la naturaleza al que acudir en busca de aire limpio. Es patrimonio de los jiennenses y una oportunidad que la ciudad no debería permitirse seguir desperdiciando. Su recuperación exige coordinación, presupuesto y, sobre todo, voluntad política. Que cada institución determine qué competencia le corresponde no puede convertirse en la excusa perfecta para que ninguna haga lo suficiente. Ya está bien de mirar Jabalcuz como un problema pendiente. Hay que empezar a mirarlo como un proyecto de ciudad, porque se trata de una oportunidad para generar riqueza y puestos de trabajo, por lo que también es de recibo que el tejido empresarial se implique en la recuperación de un paraje que fue un lugar de encuentro clave durante el siglo pasado.