Este fin de semana, la provincia de Jaén vuelve la mirada hacia sus pueblos. La Asunción convierte plazas, calles y caminos en escenarios de encuentro, de celebración y de memoria. En cada rincón hay una procesión, una verbena, una reunión familiar o una conversación entre amigos que el tiempo y la distancia no consiguen borrar. Son días grandes para nuestros municipios y, por extensión, para toda la provincia.
Las fiestas tienen un valor que va mucho más allá de la tradición religiosa o del calendario festivo. Constituyen una reivindicación de la vida en los pueblos, de su identidad y de un modo de entender las relaciones humanas que conserva una enorme vigencia. El mundo rural no es un vestigio del pasado. Es una parte esencial del presente y una pieza imprescindible para el futuro. Jaén posee en este terreno un patrimonio extraordinario. Sus diez comarcas reúnen paisajes, costumbres, gastronomía, patrimonio y formas de vida que no pueden entenderse desde la distancia. Cada territorio tiene una personalidad propia y, al mismo tiempo, forma parte de una misma provincia. Defender esa diversidad significa defender también la cohesión, los servicios públicos, las comunicaciones, la actividad económica y las oportunidades para quienes deciden construir su futuro lejos de las grandes ciudades. Sin embargo, esa defensa no puede quedarse en las palabras. Los pueblos necesitan recursos. Los ayuntamientos son la primera puerta de entrada de los ciudadanos a los servicios públicos y, con demasiada frecuencia, deben afrontar responsabilidades que superan con mucho sus capacidades financieras. Mantener calles, parques, instalaciones deportivas y culturales, servicios sociales, limpieza, alumbrado o atención a los vecinos exige sostén económico suficiente y estable. Las fiestas de la Asunción no deben contemplarse sólo como una cita anual. Son también una oportunidad para recordar que nuestros pueblos tienen futuro si somos capaces de cuidarlos. La despoblación, el envejecimiento y la falta de oportunidades siguen planteando desafíos serios, pero Jaén no puede resignarse.