Cada mes de octubre, Jaén renueva una tradición profundamente arraigada, abre sus puertas a vecinos y visitantes y convierte sus calles en un espacio de encuentro, convivencia y orgullo colectivo. Desde ayer y hasta el 18 de octubre, la capital tiene ante sí una nueva oportunidad para demostrar que su feria es mucho más que una sucesión de jornadas festivas: representa una expresión de su carácter y una magnífica carta de presentación ante el exterior.
La coincidencia con el puente de la Hispanidad refuerza el atractivo de la presente edición. El calendario ofrece a miles de personas la posibilidad de descubrir Jaén con tiempo suficiente para disfrutar de sus propuestas culturales, su gastronomía, su patrimonio monumental y el ambiente singular de una celebración que combina costumbres populares con nuevas formas de ocio. La ciudad cuenta con argumentos sobrados para conquistar al viajero. El reto consiste en mostrarlos con ambición, hospitalidad y una estrategia capaz de transformar una visita puntual en el deseo de regresar. San Lucas también pertenece a toda la provincia. La capital ejerce durante estos días como punto de encuentro de una tierra diversa, rica en historia, paisajes, tradiciones y productos de calidad. El mar de olivos, los conjuntos monumentales, los parques naturales, los pueblos con personalidad propia y la excelencia de la gastronomía jiennense conforman un patrimonio que merece mayor reconocimiento. Quien llega a Jaén para disfrutar de la feria debe encontrar motivos para prolongar su estancia y descubrir otros destinos cercanos. La promoción conjunta del territorio puede convertir esta celebración en una puerta de entrada al conjunto provincial. Hostelería, comercio, transporte, alojamientos, empresas de servicios y caseteros encuentran en estas jornadas una fuente de actividad y empleo. Esa aspiración exige, sin embargo, responsabilidad y atención a los detalles esenciales para que la experiencia esté a la altura de las expectativas.