La fosa común del Estrecho

06 jul 2017 / 10:42 H.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha) denuncia que cerca de 6.000 personas han muerto en el Estrecho en los últimos 20 años cuando intentaban alcanzar las costas españolas. Los preocupantes datos arrojan una media de 300 vidas perdidas al año, aunque se alcanzó la máxima histórica en 2016, cuando se contabilizaron 1.167 personas fallecidas. Las cifras son aún más negativas si se tiene en cuenta que, según los expertos de la Organización Internacional para las Migraciones, por cada persona cuyo fallecimiento ha sido comprobado se calcula que de otras dos no se supo nunca de ellas, lo que serían en torno a 18.000 los seres humanos los ahogados en este tiempo en las aguas del Estrecho. Una gran fosa común con miles de cadáveres cuyos cuerpos acabaron en el fondo del mar, al igual que los sueños por alcanzar una vida mejor en el continente europeo.

Con la llegada del buen tiempo, las informaciones de pateras y embarcaciones halladas a la deriva se suceden en un goteo continuo, muestra de un drama al que ni España ni Europa han sabido dar solución con sus políticas migratorias. La tragedia parece cronificarse mientras el número de hombres, mujeres y niños que perecen ahogados aumenta de manera imparable. La sociedad, como ocurre en muchas ocasiones con todo aquello que se convierte en cotidiano, pasa a insensibilizarse ante las miles de muertes y, en el peor de los casos, aplaude los mensajes que ven la inmigración como una amenaza. Una sociedad que se considera desarrollada y que lleva por bandera el respeto a los derechos humanos no puede permitirse asistir impasible y de brazos cruzados a la sangría que se vive a pocos kilómetros de nuestras costas.