La memoria anual de Cáritas Diocesana de Jaén deja clara la importancia de esta institución jiennense en el paisaje provincial. El balance de su acción caritativa y social arroja cifras que resultan preocupantes, porque si 33.000 personas necesitaron ayuda de este organismo perteneciente a la Iglesia el año pasado, con una inversión que superó los 3,8 millones de euros, es porque queda mucho trabajo por hacer en pro de la igualdad. La pobreza sigue presente en pueblos y ciudades y, aunque hay muchos tipos, predomina la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda, la soledad de las personas mayores, la falta de horizonte entre los jóvenes y el sufrimiento de quienes se ven obligados a abandonar su familia para buscar un futuro. Hay quienes están empleados a tiempo completo y, sin embargo, no tienen un salario suficiente para afrontar las facturas de servicios elementales como la luz o el agua. Importante es la labor que realiza Cáritas Diocesana, así como otras organizaciones sociales que llegan donde las administraciones no tienen capacidad de llegar, un trabajo silencioso en el que los protagonistas son voluntarios anónimos que dedican su tiempo libre ayudar a los demás. Ellos son quienes se entregan de forma generosa, acompañan y sostienen la esperanza, por lo que hay que reconocer públicamente su valía. Durante 2025, a través de las atenciones en los equipos parroquiales, interparroquiales, programas y proyectos diocesanos, la acción de Cáritas se tradujo en 12.424 personas atendidas, es decir, aquellas que físicamente llamaron a cualquiera de sus puertas de Cáritas. Sin embargo, la acción de este organismo de la Iglesia de Jaén llegó a muchas más.