Hoy se celebra una jornada que será la máxima expresión ciudadana de la democracia. Más de 515.000 jiennenses podrán ejercer el derecho al voto en las elecciones autonómicas, lo que supone 6.223 menos en relación a los pasados comicios celebrados en junio de 2022, según datos oficiales de la Oficina del Censo Electoral. 14.581 de ellos residentes en el extranjero están llamados a las urnas en la decimotercera convocatoria al Parlamento andaluz, en la que doce partidos y dos coaliciones presentan candidaturas para elegir a los 11 diputados por la provincia. 25.733 podrán estrenarse en depositar su papeleta por haber cumplido 18 años desde la anterior votación, que tuvo lugar el 19 de junio de 2022, cuando también se celebraron en solitario. Jaén es la penúltima provincia andaluza por número de electores, sólo por delante de Huelva, que cuenta con 407.902.
Hoy es un día importante para los andaluces, porque aunque haya desencanto generalizado con la clase política, son los representantes de las administraciones públicas los que están obligados a luchar por el futuro de esta tierra. La participación es necesaria para conseguir que las elecciones, que tanto esfuerzo costaron para nuestros antepasados, se conviertan en una verdadera fiesta de la democracia. Es la única manera de continuar la senda marcada por el Gobierno actual o de dar un giro de ciento ochenta grado a los acontecimientos, porque de los ciudadanos dependerá el color del que se vestirá la Junta de Andalucía para los próximos cuatro años. La limpieza del proceso electoral es lo único que determinará el éxito de una convocatoria en la que los partidos, además de intentar atraer el votante, están obligados a hacer un llamamiento a la responsabilidad para que tácticas que pueden considerarse turbias no empañen una jornada tan relevante. Cada día en que se celebra un nuevo plebiscito electoral es una jornada más ganada a teocracias, dictaduras y oligarquías diversas. Está claro que depositar la papeleta en las urnas es un derecho humano y quienes sienten pereza o aversión a ejercerlo deberían considerar los miles de años en que nadie pudo votar.