El aforo del aceite de oliva vuelve a poner sobre la mesa cifras y, sin embargo, deja preguntas en el aire. Las 1.261.200 toneladas previstas para Andalucía, 575.000 en Jaén, dibujan un escenario razonable para la próxima campaña, aunque el campo, que nunca entiende de certezas absolutas, mantiene abierta la incógnita de la meteorología. Octubre será decisivo. La lluvia, las temperaturas y las condiciones que acompañen a la recolección tendrán la última palabra sobre una cosecha que hoy solo puede contemplarse como una previsión. Las organizaciones agrarias coinciden, con matices, en la lectura de los datos. El aforo resulta acertado, pero nadie olvida que las estimaciones pueden corregirse. El olivar ha demostrado demasiadas veces que entre una cifra sobre el papel y el fruto que finalmente llega a la almazara existe un territorio que depende del cielo. Hay que tener en cuenta, además, que la campaña afronta su recta final con una comercialización muy favorable y unas existencias de enlace que, según las primeras valoraciones del sector, serán reducidas. A la vez, las previsiones apuntan a una producción importante y a una disponibilidad elevada en el conjunto del mercado español. La combinación de ambos factores exige prudencia, pero también capacidad de anticipación. Lo que hace falta, verdaderamente, es poder disponer de una herramienta capaz de evitar que una elevada disponibilidad termine por traducirse en una presión excesiva sobre las cotizaciones en origen. El precio debe guardar una relación razonable con los costes, y esa ecuación se vuelve especialmente delicada en el olivar tradicional, donde la estructura productiva soporta unas cargas que no se sostienen.