El salto de la valla de Melilla

    26 jun 2023 / 09:46 H.
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    Ayer hizo un año de una auténtica tragedia humana ocurrida en el salto de la valla de Melilla, un suceso que, lamentablemente, hay que recordar para intentar que vuelva a ocurrir lo sucedido y, sobre todo, para aprender de los graves errores cometidos para los que, hasta ahora, nadie quiso o pudo poner remedio. Los hechos ocurrieron durante un salto masivo de entre quinientas y dos mil personas, la mayoría de Sudán, Sudán del Sur o Chad, que escapaban de los conflictos armados de sus lugares de origen, en la madrugada del mismo día para cruzar la frontera con España. En la disputa de cifras sobre las víctimas, según las fuentes oficiales marroquíes el balance fue de 23 inmigrantes y 2 gendarmes muertos y otros 76 inmigrantes y 140 gendarmes heridos. En cambio, algunas ONG y diversos medios de comunicación elevaron la cifra de migrantes fallecidos hasta 37 o la cuarentena y exigieron investigaciones contra la desproporcionada brutalidad policial ejercida. Si se toma la última cifra de 37 muertes, se trata de la tragedia con más muertes ocurrida en la frontera terrestre entre la Unión Europea y el Magreb.

    Nadie duda de que las cargas que realizó la gendarmería marroquí, en una situación de extrema tensión y de aglomeración, se hicieron sin tener en cuenta las consecuencias que pudieran suponer en la integridad física de quienes querían saltar la valla fronteriza en un antiguo puesto fronterizo cerrado y sellado. Tampoco que la atención que recibieron los afectados por la avalancha por parte de las autoridades del país vecino rozó la negligencia. Son muchas las responsabilidades que, un año después, quedan por depurar en un asunto en el que la opacidad sorprende y hay una evidente resistencia a investigar a fondo para conocer la verdad. El caso está más abierto que nunca, es motivo de discordia en el seno interno del equipo de Gobierno central y, mientras existe pelea política, los ciudadanos esperan la resolución de muchas incógnitas que no pueden quedar guardadas en el cajón del olvido.



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