El ascenso del Real Jaén a Primera Real Federación Española de Fútbol (RFEF), después de una temporada excepcional, es un estímulo para la capital y su provincia. El deporte, además de regalar buenas noticias para los jiennenses, sirve de instrumento para ahondar en el orgullo de pertenencia a la tierra y a levantar la autoestima. La ciudad recibió al equipo por todo lo alto, con la emoción a flor de piel, en su regreso desde Palma de Mallorca con la segunda subida de categoría consecutiva debajo del brazo. Hay que felicitar a la directiva, al cuerpo técnico, a los jugadores y a la afición por una gran gesta, conseguida a base de esfuerzo, trabajo constante y una normalización de la vida deportiva y de la gestión. El conjunto capitalino ha conseguido ilusionar a los ciudadanos durante una temporada ilusionante en la que dio muestras de una convicción seria de triunfo. No hay más que ver cómo se llenó el campo de La Victoria en repetidas ocasiones, una imagen que hace tiempo que era difícil encontrar y que, sin lugar a dudas, revierte social y económicamente en una tierra que encuentra en el Real Jaén la excusa perfecta para contribuir a su crecimiento. Seguridad y eficacia son dos cualidades difíciles de encontrar en el mundo del fútbol y, sin embargo, los directivos del conjunto blanco demostraron con creces. El esfuerzo del valor, incalculable, es como cuando crecen el campo los frutos de las semillas sembradas. La situación del club nada tiene que ver a la que nos tiene acostumbrados en los últimos años y, en este sentido, no pueden faltar las palabras de aliento en un proceso de reconstrucción en el que es clave el empuje empresarial. El camino ya está marcado.