El mal uso de las tecnologías
La noticia sorprendió en su momento y tuvo trascendencia nacional por su singularidad. El pasado lunes quedó visto para sentencia el caso del joven jiennense que instaló una aplicación espía en el móvil de la que entonces era su novia. Con este programa, podía seguir sus pasos, saber con quién hablaba en cada momento, dónde se encontraba e, incluso, ver lo que captaban las cámaras del teléfono. Su expareja lo denunció y en el juicio argumentó que se sintió controlada por él. El acusado defendió su inocencia bajo la argumentación de que buscaba protegerla. La Fiscalía pide para él siete años de prisión en total: cuatro por revelación de secreto y otros tres más por coacciones.
La irrupción de las nuevas tecnologías durante las últimas décadas en la sociedad ha supuesto una auténtica revolución en todos los ámbitos. Ha afectado a todos los órdenes de la vida, desde el modo en el que nos comunicamos, hasta la manera de relacionarnos; ha tenido una implicación directa en el ámbito laboral y, asimismo, en el tiempo de ocio. El teléfono móvil ha pasado a ser un elemento indispensable, por las prestaciones que facilita. Pero, como todo, depende del uso que se haga de las nuevas tecnologías, porque también pueden convertirse en un útil instrumento para prácticas que a todas luces quedan fuera de la legalidad. Son una extensión de la realidad y como tal hay quienes la utilizan para fines muy diferentes a los que motivaron su creación. Preocupa, especialmente, los sectores de la población de menor edad, para los que siempre será interesante advertir de los malos usos de estas tecnologías y de las terribles consecuencias que pueden derivarse.