Agosto deja en Jaén una cifra que obliga a mantener la mirada atenta: 393 personas más en las listas del paro respecto a julio. La subida supera la registrada en el mismo mes del año pasado y confirma la excesiva dependencia de la provincia de una actividad económica marcada por la estacionalidad. El final de la temporada alta explica buena parte de este comportamiento, pero no puede convertirse en una explicación permanente para las dificultades del mercado laboral jiennense. Hay, sin embargo, otra lectura que resulta imprescindible. La tierra del mar de olivos cuenta hoy con un 12,76% menos de desempleados que hace un año, el mejor descenso relativo entre las provincias españolas, y suma 4.338 afiliados a la Seguridad Social en la comparativa anual. El último mes deja, además, 294 cotizantes más. Son datos que acreditan una evolución positiva y que reconocen el esfuerzo de las empresas por sostener la actividad y el empleo incluso ante un escenario complejo. Sin embargo, la prudencia exige celebrar la mejora sin confundirla con la solución. El empleo que Jaén necesita no puede depender de ciclos concretos ni quedar expuesto a los vaivenes de cada temporada. El diagnóstico empresarial apunta, además, hacia un problema que los jiennenses conocen demasiado bien: las dificultades estructurales para competir en igualdad de condiciones con otros territorios. Las infraestructuras de comunicación y transporte constituyen una pieza esencial de cualquier estrategia de desarrollo. Sin conexiones adecuadas, la provincia pierde oportunidades dificulta la llegada de inversiones y encarece la actividad de unas empresas con recursos limitados.