La llegada del mes de septiembre trae consigo una de las citas más importantes para la identidad jiennense: el Festival de Otoño de Jaén. La vigesimoséptima edición, estrenada anoche en la Plaza de Santa María, consolida a la capital como un referente cultural indispensable en Andalucía. A través de una programación diversa y de primer nivel, la ciudad se transforma en un gran escenario urbano hasta el próximo mes de diciembre.
La apuesta de este año destaca por su equilibrio y su ambición social. Grandes nombres de la escena nacional e internacional de la música, el teatro, la danza y la ópera comparten espacio con el indudable talento de las agrupaciones locales. Es necesario, en este sentido, altura de miras para que todas las administraciones públicas se impliquen en una celebración que cada año cobra adeptos y debe ganar en prestigio, por lo que no es de recibo que entre la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento se produzca un enfrentamiento impropio de la materia. La cultura no es un elemento accesorio ni un simple entretenimiento estacional. Constituye el alma de una sociedad libre, crítica y cohesionada. El éxito de este despliegue organizativo depende, de forma directa, de la respuesta del público. La asistencia a las butacas y el aplauso en las plazas validan el esfuerzo colectivo y garantizan la continuidad de estos proyectos en el tiempo. En este sentido, hay que hacer un llamamiento firme a toda la ciudadanía de la capital y de la provincia para que acuda a los espectáculos programados. La participación activa en el Festival de Otoño representa el mejor respaldo posible a los creadores y la defensa más eficaz de nuestro patrimonio común. Llenar los teatros es la vía idónea para demostrar que Jaén valora su cultura y exige el lugar que merece. Hay que tener en cuenta que este despliegue artístico trasciende los escenarios y se consolida como un revulsivo fundamental para el desarrollo. La afluencia de visitantes y el movimiento de los propios vecinos generan un impacto importante en la economía.