La razón de ser de la Diputación Provincial de Jaén son los ayuntamientos, sobre todo los más pequeños, aquellos cuyos alcaldes no tienen al alcance de su mano ayuda económica para dar respuesta a los servicios públicos que demandan sus ciudadanos, con derechos y deberes iguales viva donde vivan. El relevo en la Presidencia, refrendado en un pleno extraordinario, puso el acento en la necesidad de una institución como la que existe en el edificio de la Plaza de San Francisco para el amparo de los noventa y siete pueblos y ciudades que engrandecen una tierra rica en patrimonio, en cultura, en paisajes naturales y en humanidad. Juan Latorre, después de la marcha de Paco Reyes al Parlamento de Andalucía, afronta el cargo con tres líneas de trabajo acordes con los tiempos que corren y con el foco puesto en los jóvenes, llamados a continuar escribiendo las páginas de la historia de este mar de olivos. Ellos son los que deben elegir su lugar de residencia y, en este sentido, será clave aprovechar las oportunidades de presente y de futuro para que hacer las maletas no sea una obligación, sino una decisión personal. La unidad, reclamada en varias ocasiones por el también alcalde de Arjona en su discurso de investidura, necesita altura de miras por parte del principal grupo de la oposición, que ayer no midió bien los tiempos ni el lugar y se llevó el abucheo generalizado de los asistentes a una sesión plenaria en la que tomó posesión el sexto presidente de la Diputación Provincial de Jaén desde la restauración de la democracia. Son muchos los retos y las asignaturas pendientes que hay en Jaén, pero nadie puede cuestionar que la provincia de ahora nada tiene que ver con la de 1979.