La tierra vuelve a recordar su fuerza en Granada. La sucesión de terremotos que afecta a distintos puntos de la provincia merece atención, serenidad y, sobre todo, prudencia. La cercanía geográfica con Jaén convierte cada sacudida en un aviso que no debe caer en saco roto. No hay lugar para el alarmismo. Tampoco para la despreocupación. Ante un fenómeno natural cuya intensidad y evolución no siempre pueden anticiparse con precisión, la mejor respuesta pasa por la prevención, la información rigurosa y el cumplimiento de las recomendaciones de los servicios de emergencia y de los organismos científicos. Jaén comparte con Granada una realidad geológica que hace necesario tomar en serio la posibilidad de movimientos sísmicos. La provincia jiennense no debe esperar a que un terremoto de mayor intensidad cause daños para recordar la importancia de contar con protocolos claros, edificios seguros y una ciudadanía preparada. La solidaridad merece, además, un lugar central en estas circunstancias. Detrás de cada noticia sobre un terremoto hay familias que sienten miedo, vecinos que afrontan daños y municipios que necesitan apoyo. Granada no es una realidad distante. Es un territorio hermano, próximo en el mapa y estrechamente vinculado en lo social, económico y humano. Las administraciones públicas tienen también una responsabilidad ineludible. La prevención sísmica exige planificación, coordinación entre servicios públicos y una comunicación transparente con la población. Cada minuto de preparación puede marcar la diferencia cuando la naturaleza impone sus propias reglas. La tierra puede temblar sin previo aviso. La prevención, en cambio, sí puede anticiparse.