La investigación está abierta y, aunque hay serios argumentos policiales que apuntan a la existencia de actos delictivos en una guardería de Jaén, es importante mantener la cautela hasta que se esclarezca lo que verdaderamente ocurrió. Después, habrá que depurar responsabilidades y, con luz y taquígrafos, hablar claramente del centro en el que hubo conductas de supuestos malos tratos para que el resto de centros educativos no se vea señalado con el dedo. La noticia corrió ayer como la espuma y se convirtió en una información de índole nacional. La Policía informó de la detención de dos educadoras y a la directora como presuntas autoras de varios delitos relacionados con el trato dispensado a menores en un lugar en el que los niños empiezan a dar los primeros pasos. No es de recibo que las familias, que confían lo más importante de su vida a profesionales, tengan que pasar por situaciones dolorosas que recuerdan a épocas pasadas y que resultan totalmente intolerables en la sociedad actual. Hay que dar las gracias a las becarias que pusieron los hechos en conocimiento de su tutora, porque, además de ver que algo no iba bien en un centro en el que ellas iban a aprender, dieron una verdadera lección y ayudaron a que los padres y madres de los menores pudieran saber qué les pasaba realmente a sus hijos, ya que la propia investigación revela comportamientos que demostraban que, en algunos casos, problemas de adaptación a la guardería. Se trata de un problema de especial sensibilidad que la Justicia tendrá que tratar con la mayor celeridad para proceder de la manera más justa y, sobre todo, prevaleciendo el bienestar de los menores que se vieron sometidos, presuntamente, a conductas inaceptables.