Powered by
HACEMOS GLOBAL LO LOCAL

Vivienda

23-10-2026 / 08:29

Proviene del latín, su raíz es esencial: “vivere”, vivir. Mari Carmen ha servido para que todos los diputados queden retratados para la hemeroteca. Sigue habiendo dos bandos, las dos Españas de siempre. Los de izquierda somos muchos más, pero nunca se ha notado en las urnas porque nunca nos representan. ¿PSOE? Sobran las dos letras centrales. ¿PP? ¿Popular? ¿Qué tiene de popular? Esa palabra pertenece al pueblo trabajador. “Obrero”, “Popular”... ¡Qué forma de secuestrar las palabras! Dejemos de mirarnos al ombligo y hagamos piña anulando nuestros egos. Necesitamos una izquierda fuerte, con mayoría absoluta, que mire los problemas sociales a la cara sin pensar en sus calentitos escaños. La Ley D´Hondt nos seguirá perjudicando si no nos unimos. Gabriel Rufián marcó el camino, pero vivimos en “La vida de Brian”, y Vox espera comiendo palomitas viendo despellejarse a los líderes de izquierda. Un decreto decía de prohibir a los fondos buitre comprar pisos hasta el año 2028. ¿Solo hasta el 2028? ¿De verdad nos íbamos a tragar ese sapo? El PSOE tenía que contentar a Junts, y ni por esas. Feijóo promete arreglar todo en cuanto gane, y la gente le cree. No hay nada peor que un amnésico “facha-pobre” que piensa que le va a tocar algo del pastel.

RAFA ZAMORA SANCHO / SAN SEBASTIÁN

2026: ¡Qué año!

Este año 2026 parece haberse propuesto elegir un protagonista para cada mes, como si el año hubiera decidido dramatizar la actualidad por entregas.

Enero y febrero arrancaron con la vivienda y la economía: los precios de la casa subían más del 14% interanual y la inflación se mantenía en torno al 2,3-2,4%, mientras el FMI elevaba las previsiones de crecimiento para España. En marzo, la vivienda se consolidó como el principal problema de los españoles según el CIS, y en abril el Gobierno aprobó el nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, con 7.000 millones de euros. Mayo y junio dejaron paso a los grandes eventos deportivos: la convocatoria de la selección para el Mundial 2026, con Felipe VI como protagonista del anuncio, y la Vuelta a España, con figuras como Tadej Pogacar. Julio trajo el calor, los incendios y el primer gran shock: la crisis migratoria de Ceuta, con decenas de miles de cruces masivos desde Marruecos a finales de mes. Agosto consolidó la “invasión” de Ceuta como protagonista absoluto, con cifras oficiales de hasta 72.000 entradas irregulares. Septiembre estuvo marcado por el suspenso de España en el informe PISA: los peores resultados históricos en lectura, matemáticas y ciencias, por debajo de la media de la OCDE y la UE. Y en octubre planea el fantasma del adelanto electoral, con Sánchez midiendo sondeos y la manifestación por la vivienda como termómetro del malestar social; una nueva acampada en Sol, similar al 15-M, vio la luz. Detrás de esta sucesión de titulares hay un hilo común: la sensación de que los problemas se acumulan sin que el debate público logre poner orden ni prioridades, con la huelga de sanidad presente en todo este periodo. La vivienda habla de un modelo territorial y de protección social que no termina de cuajar; Ceuta, de una política migratoria y de vecindad con Marruecos que oscila entre la improvisación y la tensión; PISA, de un sistema educativo que lleva años perdiendo terreno; y el posible adelanto electoral, de una política más pendiente de los sondeos que de las reformas. No se trata de buscar culpables para cada mes, sino de exigir que, detrás de cada “protagonista”, haya una respuesta de Estado que no se agote en la portada del día siguiente. ¿Dónde está el Estado para los cada vez mayores problemas de la sociedad española?

PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza

Cuando la bandera necesita chillar

Hay una paradoja psicológica humana: cuanto más necesita una identidad ser exhibida, más necesita ser confirmada. El patriotismo de pacotilla —ese de España siempre en la boca, la pulserita, la Kalinka cañí del “yo soy español”, el berrido futbolero, el ¡Viva España! ante cualquier nimiedad...— esconde un vacío clínico fascinante. La psicología asocia la sobrecompensación con una profunda inseguridad. Quien necesita recordar su procedencia antes del café no sufre de exceso de amor patrio, sino de un pánico atroz a la insignificancia. Vox, el PP y personajes como Marcos de Quinto operan aquí. La bandera, que debería representar a todos, termina convertida en frontera psicológica porque se blande como porra moral. Convierten el país en una selectividad identitaria donde ellos —“españoles de bien”— ponen la nota. No hay seguridad tras el grito; hay miedo a que, si callan, alguien les pregunte qué piensan. Si necesitas gritar que eres algo para creértelo, no eres un patriota; eres un paciente necesitado de validación que usa el mapa como frontera psicológica. Tanta purpurina rojigualda solo tapa la grieta de un ego asustado que, sin ruido, queda desnudo. Mucha “¡España!”, pero jamás se ponen del lado de los españoles de a pie.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS

GORDON / MADRID

Círculo vicioso educativo

Al preguntarme un extranjero el porqué de las dos manifestaciones por la educación pública en Madrid le expliqué que la presidenta Ayuso, del Partido autodenominado Popular, destinaba cada vez el dinero de todos a la educación privada; y que, en vez de encarcelarla, el pueblo la había reelegido. Se fue con cara de creer que yo había querido tomarle el pelo.

MARÍA FAES RISCO / MADRID

Electrificación total

La energía eléctrica es más necesaria que nunca. Necesitamos en nuestros hogares luz para la iluminación, la lavadora, la secadora, el microondas, el horno, la vitrocerámica, la televisión, la puerta del garaje, el ordenador, el aire acondicionado, el cargador del móvil, del reloj o del robot aspirador, el libro electrónico, la aspiradora del coche, el motor del toldo, la domótica, la depuradora, el sofá y, ahora o en un futuro próximo, el coche. Cada vez seremos más dependientes de la electricidad. Con cierta frecuencia me acuerdo del famoso apagón del 28 de abril del año pasado, un incidente inédito en un país moderno que llegó a paralizar no solo la vida de los hogares, sino también la actividad de todo un país. Ojalá que la electrificación de nuestro día a día se convierta en una herramienta para mejorar la calidad de vida de las personas. Lo de la Inteligencia Artificial, la IA, que creemos que también contribuirá al bienestar de las personas, lo dejaremos para otro momento, ya que las noticias que se van conociendo son, en cierto modo, más que preocupantes. No debemos olvidar el encarecimiento de la luz en los recibos.

JUAN LIÉBANA / JAÉN