No es una noticia, es una realidad en cada pueblo y ciudad de nuestro territorio. La ausencia de profesionales de la construcción, la fontanería o el sector de la electricidad está provocando ya un atasco en estos ámbitos. Hace falta mano de obra para hacer frente a la enorme demanda existente: desde esa obra menor en nuestros hogares hasta una fuga de agua o una renovación eléctrica. Son las conocidas “chapuzas”, trabajos que, por lo general, no suelen alargarse en el tiempo.
Es cierto que los padres queremos que nuestros hijos ocupen otros nichos de trabajo más acordes con los tiempos actuales. Pero también lo es que, aunque la Inteligencia Artificial (IA) esté ya aquí, no se podrá prescindir del fontanero, del albañil o del electricista. Al menos, de momento.
Está claro que las administraciones deben fomentar la Formación Profesional (FP) y las conocidas escuelas taller para que nuestros jóvenes vean en estas profesiones un futuro. Al mismo tiempo, es necesario darles la importancia y la dignificación que merecen. También es fundamental que las condiciones laborales sean favorables para que la población más joven se decante por estos sectores, tan necesarios como el tecnológico.
Desde la crisis financiera y del ladrillo, allá por el año 2008, en nuestro país se vienen produciendo episodios de vacantes en estos sectores. Sin embargo, con el tren de borrascas que hemos sufrido entre los meses de enero y febrero, el problema se ha agudizado aún más. En definitiva, hace falta mano de obra cualificada en nuestra tierra que dé respuesta a la alta demanda existente en estos momentos.
JUAN LIÉBANA / Jaén
El desencanto en la participación de la vida política
Muchos españoles aún no entendemos cómo en los programas electorales de los partidos políticos no se suprimen los privilegios que posee la clase política. Es inaudito, asombroso que la ciudadanía no se levante ante tanto atropello e injusticia y que aguanten sumiso las decisiones que propugnen los gobernantes sin rechistar. Manipulación, mentiras y falta de honestidad de los políticos, deberían de sancionarse siempre.
El hecho de que se matara a Montesquieu, por capricho político, es insólito. El poder judicial en una democracia siempre es independiente. La política al servicio del pueblo, no el pueblo al servicio de los políticos. Eliminación de privilegios y pagas vitalicias. De igual forma que cualquier otra persona, el político debe ajustarse a las mismas normas que cualquier trabajador.
Las corruptelas, latrocinios por parte de cualquier representante político, en cualquier ámbito de la política (gobierno de la nación, congreso, senado, gobierno de la comunidad autónoma, diputaciones, cabildos, ayuntamientos) tendrían que ser castigadas de forma ejemplarizante, devolviendo hasta el último euro, del dinero robado y, lógicamente pasar una temporada en la sombra, sin tantas comodidades y lujos, aportando en la reparación a la sociedad, por el daño infligido. Es lo que verdaderamente se hace con cualquier ciudadano si comete un delito.
Por último, hay que recordar que la participación en la política no es un medio para poder subsistir de forma perenne y por los siglos de los siglos, es un servicio a la sociedad, es un privilegio servir a los demás. Las personas que aportan su sabiduría y preparación para que la ciudadanía progrese en todos los ámbitos, estos son los que realmente deben guiarnos, los ineptos, asesorados por expertos, no sirven con el propósito de realizar esta labor importantísima, que es, para el beneficio de la Nación. Una vez que se haya acabado la legislatura y el servicio público realizado, ese ciudadano se incorporará a su trabajo anterior.
Conclusión, si acabamos con todas estas actuaciones, el dinero robado es pérdida para beneficio en inversiones sanitarias, educativas, en construcción de viviendas sociales para ayuda de nuestros jóvenes, personas necesitadas y las infraestructuras de carreteras, ferrocarriles y presas (pantanos) red de obras públicas movilidad, transporte y gestión hídrica; muy necesitadas por abandono de mantenimiento.
JOSÉ RAMÓN TALERO ISLÁN
¿Apagón digital?
La ONU ha lanzado una advertencia urgente: un apagón de los sistemas digitales es más probable de lo que imaginamos. Dos organismos internacionales presentaron un informe que detalla riesgos reales, desde tormentas solares hasta cortes en cables submarinos. La responsable de la Unión Internacional de Telecomunicaciones lo explicó en Ginebra: si fallaran ahora mismo, no habría retransmisiones en directo, se apagarían las luces, colapsarían los pagos y sería imposible acceder a emergencias o información fiable. Este escenario no es ciencia ficción. Un fallo inicial provoca un efecto dominó en finanzas, sanidad, transporte, energía y comunicaciones. Por ejemplo, sin cajeros, no se podría comprar comida, afectando a consumidores y comercios. Nuestra sociedad, hiperdependiente de la tecnología, se paralizaría en minutos. El informe recomienda identificar riesgos críticos, reforzar normas internacionales y capacitar comunidades. Gobiernos y empresas deben priorizar la preparación: protocolos de emergencia, sistemas de respaldo y educación ciudadana. No basta con innovar; hay que blindar lo esencial.
La fragilidad digital amenaza nuestra seguridad cotidiana. Ignorarla sería irresponsable. Exijamos medidas ya para evitar que un apagón nos devuelva a la Edad de Piedra en pleno siglo XXI.
PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA