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Prevenir para no apagar

21-08-2026 / 08:25

Este martes se celebró el Día Mundial de la Prevención de los Incendios Forestales. Un verano más hemos comprobado que las olas de calor inéditas y el cambio en nuestra relación con el campo han sido el cóctel perfecto para los incendios en los bosques de nuestro país. Ni que decir tiene que los grandes incendios, con mayor intensidad y una capacidad calorífica cada vez más elevada, son la nueva realidad. Además, estos enormes fuegos son más difíciles de controlar. Es fundamental apostar por una mayor prevención durante el invierno para no tener que apagar incendios en verano. Posiblemente, no todo sea culpa del cambio climático, pero lo cierto es que los veranos en España son cada vez más calurosos. El drama del fuego se está normalizando en cada periodo estival y, sin embargo, la situación exige que las administraciones, junto con los expertos en la materia, definan un plan para todo el territorio nacional. En un asunto de esta envergadura no debería imperar la confrontación política. En definitiva, se debería definir qué modelo de vida se quiere para el futuro del entorno rural.

JUAN LIÉBANA / Jaén

El drama de la soledad

Aunque por la fe sobrenatural sabemos que Dios está siempre con nosotros es frecuente que a veces sintamos el peso de la soledad física; es algo que repetidamente se ofrece a la contemplación de extraños: el drama de la soledad. La soledad es un verdadero drama, una realidad que palpamos a nuestro alrededor o que incluso puede embargarnos a nosotros mismos. La soledad no conoce edades, desafortunadamente: hemos leído noticias funestas de suicidios de jóvenes, edades mayores o ya en plena senectud provocados por el problema de la soledad. ¿Cómo se llega a esta solución tan aberrante y fatídica? ¿Cuál es grado de culpabilidad en este fenómeno? Uno de los dramas o problemas latentes en la sociedad actual es el de “la soledad”. Sentirse solo es algo abrumador, pero no pocas veces a esta soledad se llega por descarte e igualmente no pocas veces a este descarte se llega por propia voluntad, aunque esto pueda parecer paradójico.

A una situación tal no se llega de la noche a la mañana sino a lo largo de los años: cuando uno se encierra en sí mismo, cuando hay una falta de generosidad, de comprensión, de entrega a los demás; en resumen, cuando uno busca exclusivamente su propia comodidad es ir cerrando puerta tras puerta. Puertas que luego en los años de madurez y senectud no tendremos ya posibilidad o capacidad para abrirlas. Existen no pocas causas, unas de índole personal y otras de índole familiar: cuando la familia se desestructura, puede que al principio parezca que fue la solución ideal, pero a medida que avanza el tiempo se comprende que fue el mayor error y desastre que se pudo cometer. Thomas Carlyle, filósofo e historiador escocés del siglo XIX, afirmaba que “la soledad exaspera o apaga el corazón y pervierte o debilita las aptitudes”. Los jóvenes de hoy en día son muy propensos a aislarse junto a su móvil u ordenador y establecer así su mundo. Mundo que acaba por derrumbarse más temprano o más tarde y puede que entonces ya no encuentren salida honorable a un entorno social y se planteen la tragedia.

El egoísmo, la falta de amor, la despreocupación e interés por quienes nos rodean son caminos que conducen, tarde o temprano, a la más irreversible soledad: ¿Falta de amor, de generosidad, de fe? Comenzaba hablando de Dios y considero necesario terminar hablando también de Él: si desde joven se vive un trato más o menos asiduo con Dios, el mismo Dios nos llevará por caminos poblados de otras personas con las que intercambiar experiencias generosas y positivas de vida.

JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / Úbeda

Declive moral

El precio de las cosas sobre todo en lo referente a la moda, no ha subido en la proporción de otros conceptos como la restauración, hoteles, viajes, etc. Me he detenido a pensar y creo que es bastante engañosa la situación. Sólo hemos de ver que una blusa tiene menos tela que años atrás ya que los escotes llegan hasta la cintura y el largo por encima del ombligo. También las faldas apenas tapan la ropa interior de las mujeres. ¿O es que las compran en el departamento infantil? Los bañadores se han reducido hasta tal punto que los bikinis, por ejemplo, se venden las dos piezas por separado, supongo que muchas mujeres deciden que con una tienen suficiente, o que el presupuesto no les da para más. Así las empresas textiles tienen un gran ahorro en cuanto al género y pueden mantener engañosamente el precio. ¿ No les parece? Es la misma táctica comercial que hace pocos años con los alimentos envasados. “Mante-nemos el precio” es el reclamo, pero el paquete de macarrones que antes era de medio kilogramo, ahora es sólo de 400 gramos y así un largo generalizado.

Es el más claro exponente del declive moral que estamos viviendo en nuestra sociedad. ¡Qué pena! Así se pierde el respeto a lo más íntimo de la persona y a su dignidad.

LOURDES CAMPS CARMONA / Barcelona

El terremoto, castigo de Dios, o no

Ha temblado Colombia, como hace poco Venezuela. Tras el fuerte terremoto de Chile el 2011, un famoso jesuita escribió: “Terremoto, ni prueba, ni castigo, ni intervención de Dios”. Un periodista, en cambio, sostuvo que por ser Dios “todopoderoso”, era prueba para los buenos y castigo para los malos. Cada cual piense lo que quiera. Recordemos, el terremoto e incendio de Lisboa de 1755, cuando casi toda su población estaba en las iglesias, provocó una creciente conversión al laicismo, llamado por ello el “Siglo de las Luces” o de la “Ilustración”, cuyos efectos, lentos, pero sin retorno, predominan hoy en Europa y partes de América.

MARTÍN SAGRERA CAPDEVILA / Madrid

De las guerras a las bananas

Las generaciones futuras (si la actual consigue sobrevivir, aunque sea con la “trampa” de la Inteligencia Artificial) rechazarán indignadas que se las comparen con la “nuestra”: porque, por una parte, tenemos jefes que son capaces de destruirnos con armas nucleares. Por el otro extremo, se da un valioso premio a una banana pegada a la pared por un “artista” italiano que ni siquiera es vegetariano, banana que ha sido expuesta y ahora destruida y reemplazada con otra real por segunda vez, con tanta hambre que hay aún en el mundo.

DIEGO MAS MAS / Madrid