Desde Aventura Hernán Pelea llevamos cuatro años pidiendo algo tan sencillo como necesario: que se arregle el antiguo refugio del Banderillas.
En la cima del pico más emblemático de la Sierra de Segura hay dos refugios. Uno permanece cerrado durante la época de vigilancia forestal, algo que entendemos perfectamente porque cumple su función. Pero el otro, el refugio que podría dar cobijo a montañeros, senderistas y personas que suben hasta allí, lleva años abandonado después de que le cayera un rayo. No hablamos de una gran obra. Hablamos de una reparación mínima, de una inversión pequeña para conservar una estructura que puede salvar de una tormenta, del frío, del viento o de una situación complicada en montaña. Y, sin embargo, este año en lugar de arreglarlo, lo han precintado. Y ya está bien. No podemos permitir que se deje caer un refugio de montaña en un lugar tan importante para nuestro municipio, para la Sierra de Segura y para el Parque Natural. Somos muchísimas las personas que subimos al Banderillas cada año. Montañeros, vecinos, visitantes, grupos guiados, amantes de la sierra... y todas nos encontramos con la misma imagen: abandono. Un refugio de montaña no es un adorno. Un refugio guarda vida. Un refugio está para refugiar. Pedimos a la administración competente que actúe de manera urgente. Que no se espere a que sea demasiado tarde. Que arreglen el refugio del Banderillas y que se conserve como merece uno de los lugares más emblemáticos de nuestra sierra. Porque cuidar la montaña también es cuidar sus refugios.
YOLANDA VIZCAÍNO / Jaén
El fútbol, de Franco a Trump
Había en Roma dos famosos payasos, a los que el emperador Augusto llamó para que disminuyeran sus peleas, que promovían grandes disputas en el pueblo. Pero uno de ellos, Pilade, le respondió que le defendían a él, porque así la gente no hablaba de política. Hoy, aunque he jugado a él, lo aprecio e incluso promuevo su mejora, aquí -como en gran parte del mundo- el fútbol sirve, más aún que durante el franquismo y contra lo que entonces creíamos, para tapar los defectos de nuestros políticos. Hasta Trump acaba de llamar al jefe de la FIFA para que permitiera jugar a un delantero sancionado del equipo de Estados Unidos.
MARTÍN SAGRERA CAPDEVILLA
Concha López Narváez
Concha López Narváez falleció el pasado 22 de junio, en Madrid. Vino y se fue de manera apacible, sin ruido. Concha había nacido en Sanlúcar la Mayor el 27 de agosto de 1939. Estudió Filosofía y Letras, especializándose en Historia de América, lo que le supuso tener que investigar en al Archivo de Indias, todo ello en Sevilla. A ello siguieron años de docencia en diversos institutos de Andalucía. Fue ya con más de cuarenta años cuando irrumpió en el mundo de la literatura infantil y juvenil en el que dejó cerca de setenta libros. El comienzo no pudo ser más acertado: “El amigo oculto y los espíritus de la tarde” que le valió la concesión el Premio Lazarillo 1984. Ese mismo año presenta “La tierra del sol y la luna”, que le supuso ser incluida en la Lista de Honor del IBBY —Organización Internacional para el Libro Juvenil—. Concha presidió luego durante años la rama española de esta ONG dedicada a promover a nivel mundial la difusión del libro infantil. También durante años presidió la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil. Tuve oportunidad de asistir a una de sus conferencias sobre literatura juvenil y aprecié el entusiasmo, admiración e interés con el que defendía esta especialidad literaria: “Un buen libro para jóvenes debe tener emoción y estar escrito con un lenguaje sencillo, pero nunca vulgar”. Eran sus ideas para enriquecer el mundo de la cultura juvenil. Por el conjunto de su obra recibió en 1996 el Premio Cervantes Chico. Y ya antes, en 1992, fue la candidata oficial de España al prestigioso Premio Hans Christian Andersen. Hasta pocos años antes de su fallecimiento Concha estuvo escribiendo, cierto que algunas de sus obras ya en colaboración con su hijo Rafael Salmerón. Pero lo que es innegable es que, aunque su voz se haya apagado de manera apacible, nos queda su extensa obra llena de valores y admiración.
JUAN ANTONIO NARVÁEZ / ÚBEDA
Emociones
La principal característica del ser humano son las emociones: alegres, tristes, solidarias, de ambición o de desapego. En nuestra vida cotidiana se activan como en distintos fogones, donde varias de ellas se cuecen al mismo tiempo y configuran lo que somos. Esa diversidad y complejidad difícilmente pueden reproducirse en el mundo digital. Desde el simple “me gusta” hasta los desarrollos más avanzados en IA o robótica, seguimos ante creaciones humanas que no alcanzan a replicar las reacciones biológicas que se desencadenan ante una mirada o un roce o incluso una sensación tan sutil como el aire sobre la piel. Las emociones son el motor de nuestras acciones, la energía que impulsa nuestras decisiones. En pleno siglo digital, conviene recordar que serán los seres humanos quienes sigan moviendo este y los mundos que vengan, pese a los vaticinios que anuncian lo contrario. Nuestra verdadera fortaleza no es la tecnología, sino la capacidad de adaptación, incluso en un contexto marcado por la inmediatez.
PEDRO MARÍN USÓN