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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Perseveración de humanos, toda una identidad beatífica

29-05-2026 / 08:36

La humanidad requiere humanizarse, permanecer en su propia identidad de ser humano, no endiosarse y mucho menos aún mercantilizarse, pues no hay mayor riqueza que volver a ser el verso níveo reencontrado consigo mismo, en su propio tronco místico, que es lo que realmente nos da vida y nos hace ser lo que somos, amor y nada más. Sin duda, nuestra primera misión es dejar de engañarnos, eclipsados por un mundo cada vez más inhumano, que no entiende nada más que de poseer y tener; cuando lo vital, radica en darse y en donarse. Ahí reside el verdadero avance humanitario de la solidaridad, en un corazón abierto al otro, con una mente que sabe escuchar, en continuo diálogo para reducir preocupaciones y afianzar vínculos que repueblen lazos de comunión y comunidad.

Por otra parte, la realidad es la que es, o bien nos movemos entre alborotos o en letargos. Sea como fuere, no es nada fácil mantenerse con el espíritu humano en una época de contrariedades manifiestas, donde la falsedad es el abecedario universal y la ley de la selva está resurgiendo por doquier. Olvidamos que todos nos requerimos, al formar parte de una concurrencia de latidos, conjuntamente necesarios e imprescindibles. De ahí, la importancia de compadecerse y de apaciguarse, en medio del aluvión de conflictos generales que nos asolan. En consecuencia, antes de que sea demasiado tarde, acabemos con la debilidad colectiva en torno a las armas nucleares y fortalezcamos la cultura del abrazo y el entendimiento, con las vías del razonamiento, la diplomacia y la negociación.

Nos vendrá bien que, en un momento de crecientes tensiones, pongamos orden en nuestras existencias. Está visto que el ser humano es bueno por naturaleza y que la maldad toca lo antinatural. Realmente esta afirmación, lo que nos pone visible, es que parte de la creación lleva inscrita una bondad originaria y una verdad notoria, que nuestra frágil mirada debe custodiar, cultivando la caricia en la mirada y madurando composturas; puesto que ningún país está por encima de otro, ni debe abusar de su potestad para acometer. No hay nada más embellecedor que el respeto entre semejantes y la cordialidad entre análogos. Será un buen modo de promover la comprensión y de suscitar la igualdad de todas las naciones en términos de derechos y oportunidades.

Lo armónico empieza con cada uno de nosotros; es cuestión de aprender a reprenderse uno así mismo, de ponerse en acción como esas fuerzas de mantenimiento de la concordia, que sacrifican sus vidas cada día por los demás. El que todos podamos florecer, exige una corresponsabilidad valiente de que el sentido humano prevalezca sobre el interés frívolo, pero también un discernimiento cooperante de persistir caritativos; tanto para poder interpretar las dinámicas de la globalización, como para poder inspirar un orden internacional más justo y pacífico. Lo trascendente no es simplemente mantenerse enérgico, sino aguantar benigno en este valle de desconsuelos por el que transitamos a diario. El saber no se salvará sin la certeza, pero la certeza sin el saber, tampoco será humana.

Todo es correspondencia. Siempre he pensado que, si bien el individuo esperanzado en la condición humana es un soñador, el que desespera de los hechos y no espera un cambio es un miedoso, lo que nos requiere a todos vivir como poetas en guardia, al menos para no correr el riesgo de desviarnos hacia metas engañosas. Al observar nuestro tiempo, no podemos ignorar algo tan esencial como la tutela de los derechos humanos, que no deben quedar por debajo de los beneficios o el poder. De hecho, la calidad del desarrollo, ha de medirse por su capacidad de mantenernos humanos, que es lo que fomenta la unión y la unidad, favoreciendo condiciones existenciales dignas, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, atención y cuidado de la creación. ¡Buen propósito!

VÍCTOR CORCOBA HERRERO

El PP promueve la crispación

La complicidad del PP con la degradación democrática cruza una línea más. Al enrocarse en defender a los agitadores ultraderechistas Vito Quiles y Bertrand Ndongo tras su expulsión del Congreso, el PP insulta a la inteligencia ciudadana. Llamar “periodistas” a estos escuadristas neofascistas es una bajeza que repugna a los verdaderos profesionales de la Cámara. Consúltese a cualquier cronista parlamentario: el veredicto es de absoluto escándalo y rechazo unánime. El periodismo no consiste en provocar, acosar o convertir una institución democrática en un plató de propaganda ultra. El periodismo es rigor, ética y respeto a la verdad. Lo que hace el PP es un burdo ejercicio de vasallaje hacia Vox, demostrando que está dispuesto a proteger a quienes dinamitan la convivencia democrática desde dentro de las instituciones para competir por el aplauso de la derecha extrema. Los ampara porque los financia directamente mediante publicidad institucional y subvenciones en sus feudos autonómicos. Son sus criados mediáticos. El Congreso, al proteger su espacio, no censura, sino que dignifica la profesión frente a difamadores profesionales.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / MADRID

La hora de Zapatero

Después de Franco, que robó con violencia un país, González, con astucia, robó un predio en Marruecos y un Metro en Medellín; Zapatero, presuntamente relojes de lujo y su equivalente, escondidos; todos los del PP, excepto algunos ladroncillos o un tesorero descuidado, todavía trabajan en lo suyo. ¿Y aún nos quejamos de eso los desgraciados hijos de Eva... y, quizás quizá, de Adán?

DAVID SÁNCHEZ ÁLVAREZ / MADRID

Mercenarios

Quién no conoce la palabra mercenario? Se suele definir como quien se ofrece al mejor postor, al margen de la causa que defienda. Lo vemos en la política o en el llamado deporte rey, donde el dinero parece haberse convertido en la única ideología. El poderoso caballero de la “pasta” cabalga hoy sin freno, imponiendo su ley en una sociedad que mide el valor en función del beneficio. Mientras algunos frenos se activan —incluso en aquello que simbolizaba el progreso, como la alta velocidad—, el afán por el lucro parece acelerarse sin límite. Sin embargo, existe otra parte de la sociedad que rara vez ocupa titulares: personas que, lejos de venderse al mejor postor, entregan su esfuerzo para generar bienestar en los más desfavorecidos. No son mercenarios en el sentido estricto, pero sí representan el reverso de ese mundo dominado por el interés. Anverso y reverso de una misma moneda en una realidad que solo parece atender a lo espectacular. Hablar de conciencia puede parecer ingenuo para algunos, pero sigue siendo un valor vivo en millones de personas. El día que desaparezca, habremos dado paso a una humanidad sometida únicamente al dictado de la “pasta gansa”.

PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA