Con la ayuda de Radio María, en paz me acuesto y enseguida me duermo. A veces me temo a mí mismo, cuesta tanto percibirse como comprender a los demás, entender el llamamiento de la naturaleza como atender a la evocación del donarse y de no servirse de nadie. Ciertamente, el tiempo de ruta está bien claro, desvivirse por vivir como un poeta en guardia, que todo lo embellece y luego lo comparte y, además, lo simpatiza. La convivencia es la vivencia de un modo y una manera de vivir la libertad, sin conveniencia. Cultivar la purgación y practicar el corazón, es un saludable propósito. Sin embargo, el pánico nos sobrecoge cada día, ante la imposición de intereses mundanos que nos dejan sin voz y nos niegan la dignidad, con la indecencia de la exclusión. Moremos en la poesía que somos y despojémonos del poderío mundano que no somos. En cualquier caso, no impongamos nada y propongamos todos. Despojémonos de esos aires terroríficos que nacen del odio, que se sustentan en el desprecio hacia toda existencia y que son un verdadero crimen contra la humanidad. Por tanto, no basta reprimir los recelos, suspender las luchas, hay que tender a un aire conciliador que nos reconcilie los ánimos, dentro de las familias y de la sociedad. Que esta noble nación de España, como ha dicho en su viaje apostólico el Papa León XIV, en su encuentro con los miembros del parlamento español, jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar el futuro, en comunión y en comunidad, con la franqueza del diálogo y la grandeza del servicio. Esta proverbial “Tierra de María” que San Juan Pablo II quiso llamar, puede ofrecer sus místicos latidos, contra la furia del enemigo. Para empezar, cuenta con una lengua que une continentes, aunque también caminemos por gargantas tenebrosas; y tiene, además, una experiencia histórica; que nos recuerda el valor de la concordia y del esfuerzo paciente para cimentar una relación apacible y ecuánime. La bondad, aunque sea cultivo de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Pongamos pasión, pues. Únicamente el verdadero amor es el que nos aproxima, nos trae felicidad y nos atrae hacia ese calor de hogar, tan vital como preciso; ya que nuestras propias voces interiores necesitan sentirse acompañadas y acompasadas, por esos tonos y timbres vinculantes y alentadores.
La ciudadanía tiene que dejar de producir diente con diente para ofrecer pulso a pulso, la mejor de sus pausas, los latidos del alma e ir tejiendo lazos donde poder sembrar la semilla del verso, que se hará poema y limpiará todas las penas. Que nada nos turbe, ni tampoco nos espante, si sumamos fuerzas y secamos lágrimas. Ciertamente, nos merecemos otro mundo más hermanado, que reconozca esas madres que ya no pueden alimentar a sus hijos, o esas familias obligadas a abandonar sus pertenencias para huir de la violencia o esos niños privados de escuela desde hace años. Hay que salir de este abismo; y, el espíritu humanitario que todos llevamos consigo, debe estar ahí, en primera línea, manteniéndonos incorporados a la responsabilidad de la acción. Estamos obligados a repensar y a preguntarnos a dónde nos estamos encaminando o, mejor aún, hacia dónde nos estamos arrojando. Desde luego, no faltan razones para un cambio. Nos lo recordaba en su discurso también el Santo Padre León XIV, con motivo del viaje apostólico y el encuentro con la comunidad diocesana, en el Estadio Santiago Bernabéu, con la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén. Hoy, enmendar representa parada y escucha, pues es en la pluralidad de voces y visiones, donde se realza la claridad, haciendo que todos nos sintamos como en casa. Al fin y al cabo, el futuro depende
de todos nosotros, del respeto
que nos tengamos y de la alegría que sembremos.
VÍCTOR CORCOBA HERRERO /Jaén
Inauguración del Olivo Arena
Mientras todo el mundo se prepara para el inicio del Mundial con más selecciones de toda la historia y Occidente debate tácticas, estadísticas, fichajes y polémicas en tertulias y redes sociales, en Oriente Medio el fútbol se sigue jugando entre escombros, con bombas, drones y misiles como terrible telón de fondo.
Aquí, caminamos, directamente, cada vez más encorvados, con la mirada fija en el móvil, atrapados en nuestras cuitas políticas, sociales y personales. Allí, cuando la situación lo permite, juegan al fútbol en terrenos cada vez más llenos de restos de guerra, de fachadas derrumbadas y de historias truncadas por la inmoralidad e insensibilidad de unos pocos. Es su forma de encontrar algo de alegría, de humanidad y de vida ante la violencia constante y la amenaza cotidiana. El alto el fuego dura menos que un caramelo a la puerta del colegio. Mundo desigual, incertidumbre común: los problemas de acá son muy diferentes a los de allá, pero la sensación de indefensión, de impotencia y de miedo es compartida. Nada detiene la agresividad del mundo presente, ni la indiferencia que a menudo nos rodea. El carpe diem se vive en ambos escenarios de forma radicalmente distinta: en uno, los derechos siguen existiendo, se discuten y se defienden; en la tierra lejana, sobrevivir se convierte en el único derecho existente, la única meta posible, donde ganar el Mundial es salvar la vida.
PEDRO MARÍN USÓN
La piscina de Mogón
El famoso tren de borrascas vivido durante los meses de enero y febrero trajo consigo a nuestra tierra un enorme reguero de daños que, poco a poco, ha ido recuperando la normalidad en todos y cada uno de nuestros municipios y ciudades. Este el caso de la pedanía de Mogón, donde sus vecinos vivieron en primera persona las consecuencias de las fortísimas precipitaciones, viéndose imágenes históricas. Como se suele decir: después de la tormenta llega la calma. Desde el Ayuntamiento de Villacarrillo se están llevando a cabo numerosas actuaciones encaminadas a subsanar las deficiencias existentes en pro de la calidad de vida de la ciudadanía de esta aldea. Indudablemente, no podían faltar las mejoras de acondicionamiento en la famosa piscina natural de Mogón, también conocida por los lugareños como El Charco o la Playa de la Sierra. Un enclave perfecto, ubicado en el corazón de la comarca de Las Villas, para disfrutar y refrescarse en compañía de la familia en las limpias aguas del río Aguascebas. Es más que evidente que la provincia de Jaén aglutina una potente red de emplazamientos y rincones imprescindibles que merecen ser conocidos por el viajero amante de este mar de olivos.
JUAN LIÉBANA LÓPEZ / Jaén