“Lolo”, cien años

    25 sep 2020 / 16:10 H.
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    Lolo” era el apelativo familiar y amistoso con el que se conocía y se conoce a Manuel Lozano Garrido, inválido y ciego, periodista y escritor, nacido en Linares en 1920 y fallecido en esa misma ciudad en 1971. “Lolo” es ahora el Beato Manuel y confiamos, si Dios quiere, en verlo pronto en los altares ya canonizado. Es un deseo compartido por numerosas personas que lo conocieron en vida y por otras atraídas por su fama de santidad. He rezado varias veces ante su tumba en la Basílica de Santa María de Linares y me he sentido inundado por esa serena paz de la que él gozaba en medio de sus limitaciones. Enfermedad y limitaciones que comenzaron cuando tenía veintidós años y avanzaron progresivamente hasta tener que hacer vida en una silla de ruedas; además, en 1962 perdió totalmente la vista. Nada de ello fue obstáculo para que siguiera escribiendo. En los diez últimos años de su vida publicó nueve libros de temas y géneros muy variados. Por cierto que en el último concurso de cuentos que participó, el de “La Felguera”, competimos juntos, pero el premio se lo llevó él muy merecidamente. Su inquietud religiosa comenzó ya en la primera juventud, con once años ingresó en la Acción Católica y como resaltó Monseñor Rodríguez Magro, obispo de Jaén, “se hace demasiado hincapié en el Lolo enfermo y, naturalmente esa faceta nos impresiona mucho por la gravedad de su enfermedad, sus consecuencias y por la forma en que supo vivir esas circunstancias, pero Lolo es mucho más. Lolo es ejemplar desde su infancia y fue un joven que estuvo comprometido con la sociedad y con la Iglesia”.

    La política es un instrumento instaurado en las democracias para dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía y, por consiguiente, facilitar el bienestar. Lamentablemente, en nuestro país sigue costando, y bastante, que las fuerzas políticas con representación en el Congreso de los Diputados se sienten a dialogar y pongan de manifiesto posturas comunes. Cada miércoles en el hemiciclo del Congreso observamos el espectáculo bochornoso cargado de reproches. Una política de crispación no ayuda, para nada, en momentos como los que vivimos. La nueva generación de políticos parece no encontrar un camino común. Los partidos políticos españoles poseen brújulas con diferentes rumbos. ¿Quién sufre todo? El ciudadano, que no encuentra soluciones a las dificultades y a los problemas. Un colectivo que se encuentra desamparado, ante la falta de una legislación clara y potente, son los que sufren la ocupación de su vivienda. Posiblemente, sería el momento de plantearse si son imprescindibles, en nuestro país, el colosal número de diputados y senadores. Sin olvidar, los parlamentos autonómicos y las diputaciones provinciales. La vecina Italia recortará en más de 100 millones de euros con la reducción de parlamentarios. Y, de paso, van a normalizar los sueldos y los privilegios de la clase política italiana. Eso es lo que votó el pasado domingo, el pueblo transalpino, con el “sí” .

    Tal vez, el viceconsejero de Sanidad de Ayuso, Antonio Zapatero, no cometió un error de comunicación, ni sufrió un desliz ni nada parecido. En mi modesta opinión, y en contra de lo que quieren hacernos creer, como Madrid comenzaba a oler a chamusquina, quiso salvarse de la quema y comunicó, con luz y taquígrafos, lo que quería hacer constar en acta para “poder dormir tranquilo”. Asimismo, el whatsapp fue deliberado para mostrar que él recomendaba a quien debía la confinación de la población. ¿Por qué si no, a pesar de las presiones de sus superiores, se negó a echarse atrás grabando un vídeo desdiciéndose de los anunciados “confinamientos selectivos”? ¿Será porque ante posibles futuras querellas criminales por dejación de funciones, “podrá probar” que alertó de lo que podía ocurrir, quedando en evidencia la propia Ayuso y su consejero de Sanidad Enrique Ruiz? Si no fue así, ¿qué pasó? Ya en mayo dimitió la directora de Salud Pública, totalmente disconforme con las prisas por desescalar, veremos qué ocurre en los próximos meses.

    Creo recordar que fue en el verano de 2018 cuando una cochinilla de origen africano arrasó y destruyó la mayoría de las chumberas de Andalucía. Las infectadas por la cochinilla asesina mostraban un color rojizo y sangriento en el interior. En 2020, el año de la pandemia de la covid-19, la gran mayoría de las chumberas han desaparecido. En Sicilia, la chumbera es casi patrimonio nacional y una planta importante y símbolo de la isla. Además los chumbos se venden en los mercados y generan empleo. También hacen licor de higo chumbo. O sea, comida, licor, empleo y orgullo del país. En Baños de la Encina, en Jaén y en Andalucía deberían volver a replantar unas chumberas que es un cactus, imagen y símbolo de Andalucía.

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