Por fin, catalanes en Madrid

    22 sep 2020 / 16:39 H.
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    Todo empezó con Figueras y Pí y Margall, tan puros y tan castos, tan federales, qué fracaso total. Una opción indirecta hubiera sido la asamblea de parlamentarios de 1917, pero Pablo Iglesias-PSOE (todavía a tres kilómetros de Sánchez) se centró en lo laboral no apoyándolos “debidamente”. A Primo de Rivera lo despidió entre vítores toda la burguesía catalana pero cuando llegó a Madrid se dijo “¡que soy de Jerez!” y les dio la espalda. Dicen algunas lenguas que cuando Alfonso XIII despidió a Primo de Rivera era porque Cambó llegaba en el tren, pero que un cáncer impidió la jugada: averígüelo Vargas. Luego fueron sensatos y se recogieron en su madriguera ciñéndolo todo a un Companys contra un Batet; entonces los españoles, de todos los bandos, eran pelín enérgicos: el resultado estaba claro. Con Franco se colocaron muchos pero a las alturas de verdad solo llegó Samaranch que acompañó a Don Francisco a por el voto de los rusos: el resultado fue que solo los recibidos por Samaranch, naturalmente, fueron válidos. En la democracia, cuando UCD se hundió, algunos catalanes fundaron Operación Roca para hacerse con su hueco y “colaborar con el Estado/hacernos definitivamente con el centro de las decisiones de los retrasados españoles”, pero tan españoles demostraron ser que por la Operación Roca no se presentó ni Roca. Cuando ganó Aznar se decía que Felipe maniobraba en la oscuridad, pero Felipe era solo un González, todavía quedaban dos kilómetros para llegar a un Sánchez, no obstante lo cual tantos regalos hizo Aznar a Pujol que hasta Arzallus dijo: “espera, espera, Josemari, que voy para allá”, y por otro, un Gobierno de coalición hubiera sido lógico, pero Pujol no era un lógico, sino un político, y un contable, y el 3% funciona mejor con las manos libres que con alguien cogido del brazo. En la misma posibilidad de Gobierno de coalición estuvimos después varias veces porque Aznar ¡hasta con mayoría absoluta! Siguió haciendo regalos tan generoso que parecía insuperable. ¿Insuperable? Le bastó al exbambi “una noche de luna y clavel” con Artur Mas en Moncloa y una simple frase: “haced el Estatuto que queráis: será aceptado”, para mejorarlo con creces: ya estamos a un kilómetro de Sánchez. Trabajaba Rajoy en relanzar la producción cuando propone Sánchez “Catalanes en Madrid, primera parte”: no entráis en el Gobierno pero me estaréis condicionando todos los días cualquier paso que demos, cualquier proyecto que se haga, cualquier idea que se publique, y mientras os doy lo que queráis del FLA, y pago toda vuestra “deuda pública”, y mesas y más mesas para recibir más que nadie (que en eso consiste, de verdad, la independencia catalana, como la vasca: vivir a cuerpo de rey, y con cientos de miles de paniaguados, con dinero español sin ninguna responsabilidad). Y ahora “Catalanes en Madrid, segunda parte”: algunos lo llaman “fusión” de La Caixa y Bankia: ¿Oye, chiquet, hacemos bien? “Pero hombre, es tan en Madrid, o sobre Madrid, que mira el Consejo de Administración, y el capital social, y que las decisiones se tomarán en Barcelona y los impuestos se cobrarán en el paiso catalans llamado Valencia, ambas con Generalitat y sin hablar castellano, y en cuyo capital hay 21.000 millones directitos de todos los españoles ¿cabe mayor felicidad?”. Todos, pero es que todos, se relamen sin parar, la CUP más que ninguna. Firman, no hace falta ni que sea en Madrid, ni siquiera gritan, solo dicen muy quedo “ja soc aquí”; ya está todo en su punto, en política y en economía: por un lado “Sánchez kilómetro cero”, por el otro, “la pela es la pela”.

    Señor alcalde, me parece muy bien que esté usted por la movilidad sostenible, pero antes debería pensar en los ciudadanos que tenemos que sortear bicicletas, patines y patinetes por las aceras. Vivo en la avenida de Andalucía y la verdad es costoso andar por esta. Le puedo contar varios momentos en que me he visto, supongo que otros vecinos también, al salir de casa o paseando con mis nietos en una situación comprometida. Piense que mis nietos tienen dos años y ellos van cogidos de la mano ajenos a cualquier contrariedad. Estoy a favor, de un transporte que sea lo menos nocivo posible con el medio ambiente, pero ordenadamente. Para su Gobierno, sepa que por esta zona es difícil ver a la policía y por tanto, desgraciadamente, no se piensa en los demás. Cuando esto ocurre ahí debe estar la autoridad.

    La oleada de “ocupaciones” de viviendas se ha convertido en uno de los problemas sociales que más crispación suscita. Si hace dos años se modificó el marco legal para actuar con más rapidez contra los delincuentes, lo cierto es que todavía resulta demasiado complicado desalojar a quienes ocupan una vivienda en ausencia de sus propietarios, produciéndose a veces situaciones sangrantes. La ley vigente no llega a ofrecer un marco de seguridad jurídica suficiente para impedir las ocupaciones. Lo más doloroso es que las denuncias ante los juzgados de guardia o la policía no bastan para recuperar de inmediato la propiedad usurpada por unos individuos mientras los propietarios están fuera de ella, y con frecuencia hay
    que esperar meses, incluso años, para que se proceda a la desocupación, muchas veces con las viviendas ya destrozadas.

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