Anormalidad social

    24 nov 2021 / 16:19 H.
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    Vivimos un momento de acusada anormalidad con abundancia de protestas, manifestaciones, huelgas, abucheos... Esto no ocurría nunca si gobernaba la izquierda en el país, ya que los impulsores de esos movimientos se sitúan en ese mismo lado del arco político y no acostumbran a tirar piedras en su propio tejado. Pero nuestro panorama futuro es tan grave y la ineptitud del que debe dar solución es tan acusada que todos los gremios laborales están tan hartos de la inutilidad de fray Mentiras, que no tienen más remedio que lanzar esas piedras aunque les perjudique ideológicamente. Cuando esto mismo, aunque en menor escala, le ocurría a Zapatero, le dijimos “zapatero a tus zapatos”, se fue a sus zapatos, es decir a defender al dictador Maduro; pero a este pobre ¿a dónde le mandamos, si no sabe ni hacer una tesis doctoral, que se la tuvieron que hacer y además plagiada? Pero eso sí, este señor dirigirá nuestras vidas, incluso la sexual, obligándonos a actuar según sus pérfidas ideas, manipulando nuestras mentes y, lo que es peor, la de nuestros hijos, metiéndose hasta en nuestras camas, estemos solos o acompañados, para encauzar nuestra conducta y que se adapte a sus obsesivas intenciones. Por eso el señor Sánchez quiere destruir el símbolo de la reconciliación entre todos nosotros, como es el monumento del Valle de los Caídos. El gran matemático Al-Juarismi decía respecto a la valoración del ser humano: si tiene ética, su valor es 1, si además es inteligente se le añade un 0 y valdrá 10, si además es rico ponga otro 0 y valdrá 100 y si además es bella persona añada otro 0 y entonces valdrá 1000, pero si pierde el 1 que corresponde a la ética, perderá todo su valor pues solo quedarán los ceros. Sin valores éticos ni principios sólidos no quedará nada, solamente delincuentes, corruptos y malas personas. ¿Dónde crees que encaja Pedro Sánchez?

    Quiero acordarme que desde el año 1950 hasta hoy haber disfrutado el flamenco en Jaén, gran parte de Andalucía, Madrid y otras ciudades españolas, en
    las preciosas peñas flamencas
    y, sus Festivales de Verano. Particularmente durante los años 1963 al 1978 que hacía el viaje con mi trabajo (venta de motocicletas y, después material deportivo). Estuve en varias ocasiones en la Peña Flamenca “El Rincón del Cante” de Córdoba, en una finca rural de la Carretera de Palma del Río y, otras muchas peñas flamencas en el resto de Andalucía. Tuve la suerte de asistir a la Juerga Flamenca en Puente Genil (Homenaje a Pedro Lavado), en el Salón del Rey, en el invierno de 1969, con el siguiente cartel: Antonio Mairena, Fosforito, José Menese, Antonio Ranchal, Bernarda y Fernanda de Utrera y, varias figuras más en baile y guitarra. Fue el mejor evento flamenco que he disfrutado en toda mi vida, por la calidad de sus artistas, organización y detalles durante toda la noche y madrugada. También disfruté las buenas actuaciones de flamenco en los Baños Árabes de Jaén “La Puerta del Cante” (finales de los años 80, hasta mediados de los 90) y, durante varios años después en la costa malagueña en peñas flamencas y, los Festivales de Verano.

    El Papa es rey, y rey absoluto como ninguno, aunque ahora sólo de un minúsculo Estado que le regaló, por pura conveniencia propia, para afianzar su fascismo, su creador, Mussolini. También es un hecho indiscutible que en los Evangelios Jesús se proclamó Rey y mandó más cosas, algunas antinaturales, de las que ningún dictador se atrevió nunca a obligar; y que, al que quebrantara cualquiera de ellas le amenazó con castigos peores que los que el más sádico tirano pudo imaginar. Todo eso lo hizo Jesús “porque me llamo león”, digo, Dios, hijo del dios Yahvé, que mandó muchas veces asesinar a hombres, mujeres y niños para vaciar “la tierra prometida” por él a su “pueblo elegido”, como siguen haciendo fielmente hoy los judíos con los palestinos. Claro que las amenazas de Jesús eran “solo” para lo otra vida, eterna; pero el que cree en ello pasa toda su vida terrenal, aunque sea inconscientemente, si no es un inconsciente, por un temor, tan profundo como su fe, a sufrir esa espantosa condena. Intentando en vano tapar la base del poder tan rápidamente decadente de su religión, pues incluso en España ya ni una de cada cinco personas creen en esa atroz pesadilla infernal, ese cruelísimo terrorismo mental, —y por tanto total—, el Papa acaba de afirmar nada menos “Cristo no quiere en torno suyo servilismo, sino gente libre”. Su Reino “es liberador, no tiene nada de opresivo”. Yo he sido también jesuita, aunque no terminara ejerciendo esa profesión. Y argentino, aunque nacionalizado. Y, lo que más cuenta aquí, licenciado en Teología
    también en la Universidad Gregoriana (no sé qué notas sacó él). Pero no puedo menos que denunciar con todas mis fuerzas que, a estas alturas, se intente falsificar hasta tal punto los hechos para seguir torturando tan ferozmente la mente y vida entera, hasta su último suspiro, a tantos millones de personas, incluidas muchas de las que más quiero.

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