Ante los preocupantes datos del informe PISA sobre la competencia lectora, conviene recordar que leer no es solo una tarea escolar ni un medio para mejorar las calificaciones. También es una forma de cuidar la salud, cultivar la sensibilidad y comprender mejor el mundo.
Diversos expertos han señalado que la lectura por placer favorece la salud mental, la concentración, la memoria y la empatía. En niños y adolescentes, además, puede mejorar el rendimiento académico y contribuir a unos hábitos de vida más saludables. Sin embargo, cada vez son menos los jóvenes que leen por iniciativa propia. Algo estamos haciendo mal si logramos transmitirles que los libros son una obligación, pero no conseguimos que descubran el placer de una historia, la emoción de un personaje o la libertad de imaginar otros mundos. Debemos ofrecerles lecturas capaces de despertar su interés, sin despreciar los cómics, las novelas gráficas, la literatura juvenil o los formatos digitales. La lectura obligatoria puede acercar determinados títulos, pero difícilmente crea lectores si no va acompañada de curiosidad y libertad para elegir.
Las familias, los centros educativos y las instituciones también tienen una responsabilidad. Leer juntos, visitar bibliotecas, hablar de libros o reservar unos minutos diarios para la lectura son gestos sencillos que pueden crear un hábito duradero. Si queremos mejores lectores, debemos construir una sociedad que valore el tiempo lento, el silencio y la imaginación. Porque leer no solo mejora la comprensión lectora: también amplía la comprensión de los demás y de nosotros mismos.
PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza
Santiago-Pontones Trail Weekend
El otoño está ya a la vuelta de la esquina para regalarnos infinitas estampas maravillosas en las sierras de la provincia. Una forma de vivir esas experiencias es a través de la actividad deportiva. Es el caso del municipio de Santiago-Pontones, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, donde se encuentra todo preparado para la novena edición de la Santiago-Pontones Trail Weekend. La cita, que tendrá lugar en Santiago de la Espada, el 19 y 20 de septiembre, en la comarca de la Sierra de Segura, volverá a convertirse en un hervidero de deportistas con ansias de pasarlo bien y disfrutar de la naturaleza que regala esta zona. Un año más, el Ayuntamiento de Santiago-Pontones organiza este evento deportivo y, por qué no decirlo, turístico. También cuenta con la colaboración de la Asociación de Desarrollo Rural de la Comarca y la Diputación. Asimismo, la prueba cuenta con el aval de la Federación Andaluza de Deportes de Montaña, Escalada y Montañismo. En definitiva, una cita con el deporte, la naturaleza y la gastronomía serreña. ¡Jaén, mucho por descubrir!
JUAN LIÉBANA / Jaén
Ofrecer testimonios de humanidad nos nutre de ilusiones y de simpatía
Todos somos influencia de algo o de alguien. Analicemos, pues, los característicos vínculos. Hoy sabemos que lo antinatural es maligno y que nuestro típico instinto es natural. Apliquemos la clemencia, el buen propósito del sentido común, como cultura adquirida. Frente a las sombras de un espacio desvinculado, donde falta un proyecto para conciliarnos y, además, la globalización navega sin rumbo común, brindar pruebas de compasión, es en muchos casos la celestial precursora de la entereza, que nos insta a edificar en el bien, aunque seamos frágiles. Nos interesa evitar, por ende, aquellas voces que humillan o nos enfrentan. Optemos por la claridad que nos ilumina y por la franqueza. En consecuencia, nada de lo que es humano, puede mostrarse indiferente o resultarnos extraño.
El lazo más esencial que tenemos en común es que todos vivimos en este manto planetario, con el mismo aire que respiramos y que, uno por uno, somos mortales. Aquí nadie es eterno, pero deben enternecernos nuestros diferentes pasos, que han de buscar la relación y no el individualismo, con la inclinación a sentirse más corazón que coraza, y bajo la necesidad de convivir con los seres de su inconfundible especie, dotados de lenguajes armónicos, para atendernos y entendernos. Consecuentemente, requerimos de una verdadera gobernanza moral, sustentada y sostenida en los derechos humanos. A lo que hay que sumar, actuaciones diplomáticas que reduzcan los conflictos y reanuden un diálogo creíble sobre paz, justicia y participación poética antes que política.
Desde luego, la idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial con el prójimo; nunca distante, ni descortés. Lo vital es la unión y la unidad, en un orbe fragmentado como jamás, apresurado y adicto al consumismo, en contextos en los que las raíces domésticas y sociales parecen haberse deshecho. En suma, que hasta nuestra propia existencia es una realidad en riesgo. Sea como fuere, todavía podemos lograr conciliar los ánimos, si hacemos del proceder un cauce de comprensión, teniendo voluntad de ayudar a otros y de alumbrarles con calor de hogar.
De hecho, asimilada contemplativamente nuestra particular historia, debe revelarnos el innato deseo de corporación, de familiaridad deseada, frente a la desconcertante disgregación, sedienta de verdad y reseca por las hipocresías. Sembrar odio y hacer que crezca la antipatía, crear violencia y generar parcelación salvaje, es lo más inhumano y destructivo que logramos producir. De ahí, la repercusión de salirse de este camino, suicidio de la humanidad, favoreciendo que la vida nos renazca y se minimice el sufrimiento, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones. Quizás aún tengamos que aprender a reprendernos, a mirar el perdón y a vernos en él, eficaz medicina contra el mal que cura nuestras heridas internas, como algo que forma parte de un proceso.
Ciertamente, cohabitamos en una época turbulenta. Cualquier naciente experimentó los frutos de la superioridad, incluso puede que haya tanteado el dominio de la naturaleza mucho antes de haber ejercitado el dominio de sí. Es el momento de redoblar nuestros esfuerzos para el cambio de actitudes, tanto con el quehacer humanitario como en la acción climática, interrogándonos a nosotros mismos, viendo cómo a veces somos prisioneros de nuestra distintiva maldad; ya que, únicamente la libertad que se somete a lo auténtico, reconduce a la persona a su verdadero servicio. Está visto que la sociedad requiere de una paz permanente y de una sana voluntad perdurable, es cuestión de fraternizarse y de trabajar el sencillo arte de vivir como hermanos.
VÍCTOR CORCOBA HERRERO