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Las ideologías han muerto, ¡larga vida a la ciencia!

04-09-2026 / 08:22

En una columna —Brasilia se hace amiga de Pekín— Jake Scott, cuenta que, a finales de julio, Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Xi Jinping, de China, hablaron durante más de una hora. Luego, difundieron su intención de acelerar un acuerdo comercial China–Mercosur. China ya es el mayor socio comercial de Brasil, con un comercio bilateral valorado en USD 188.000 millones. Por cierto, el libre comercio debería ser establecido unilateralmente por cada país sin necesidad de acuerdos burocráticos, aun así, esto supone un cambio importante para Brasil. Durante años, fue Brasilia quien encabezó toda resistencia a este tipo de acuerdo que libera parcialmente el intercambio.

La guerra comercial internacional iniciada por Trump ha sido el principal catalizador. A finales de julio, entró en vigor un arancel del 25% que cubre una amplia gama de productos brasileños; según el cálculo de la Confederación Nacional Brasileña de Industria, casi la mitad sus exportaciones a los EE UU. están ahora sujetas a algún tipo de arancel adicional.

Por cierto, el régimen comunista chino, tiránico e inhumano, es indefendible, pero un error grave sería atribuir el notorio crecimiento económico del Dragón Rojo durante las últimas décadas al comunismo, cuando es explicado por la ciencia, no por su ideología.

Con Deng Xiaoping, China inició a partir de 1978 el Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, proceso que emprendió para abrirse al mundo y al sector privado, y creció espectacularmente siendo hoy la segunda economía más grande del mundo. “No importa si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones”, fue la frase de Deng marcando que lo que impacta es la realidad, lo que la ciencia propone, las acciones que realmente ejecutan los gobiernos, no las ideologías que expresan.

La explicación filosófica, científica, es simple. El Estado, con su monopolio de la violencia —violencia que necesariamente destruye siempre— impone sus “leyes”, ergo, cuanto menos intervenga en la sociedad, menos destrucción ocurrirá. Así de simple, así de directo sin que importe el discurso político, el “color del gato”. Algo similar ha ocurrido en Irlanda, que paso de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de los más ricos y todo este proceso realizado con los mismos partidos políticos populistas que, más allá de sus discursos ideológicos, revirtieron sus acciones y encararon políticas de fuerte reducción del peso del Estado. Como contraejemplo están los EE UU que, con Trump, han encarado un proceso de aumento de la injerencia estatal. Y, en el colmo de la ideologización, Milei que a pesar de su discurso “ultraliberal” ha aumentado el tamaño del Estado ya que, si bien lo redujo en términos absolutos, a raíz precisamente del aumento del peso estatal —la presión fiscal— el sector productivo, el privado ha caído aún más, con lo que el tamaño relativo —que es lo que cuenta— del Estado en relación con el sector productivo es más grande.

De modo que, así como es un error científico atribuir el fuerte desarrollo económico chino e irlandés a ideologías comunistas o populistas, es un grave error científico atribuir la destrucción de la economía argentina al libre mercado, error que está propagando Mieli con su discurso ideológico al punto que hasta el Financial Times cae en el equívoco de atribuir el récord histórico de deuda familiar incobrable a las “reformas pro mercado” lo que es falso, contrario a la ciencia. Corolario: las ideologías hoy más que nunca son solo discursos inútiles y engañosos de políticos que, generalmente, no cumplen lo que dicen y que nada tienen que ver con la realidad, con la ciencia.

ALEJANDRO A. TAGLIAVINI

¡Qué más da!

El presidente del Gobierno comparecerá hoy en el Congreso para dar explicaciones sobre la situación de Ceuta. No se espera nada nuevo. El alboroto y el griterío se dan por descontados, con ambos bloques pataleando y vociferando: nada nuevo bajo el sol. Lo sorprendente sería presenciar algo de autocrítica gubernamental y la disposición de la oposición a tender puentes para ofrecer soluciones y seguridad a los ceutíes. Llevamos demasiadas crisis con el mismo guion previsible, hoy por Ceuta y mañana por cualquier otro asunto. “¡Qué más da!”, como decía aquella canción de los años setenta, si esta clase política solo parece saber agitar los medios y las redes sociales sin resolver los crecientes problemas de la sociedad. Cada día suspenden el examen de la representatividad, pues la democracia dista mucho de la práctica partidista actual. Mientras tanto, el desánimo y el desgaste económico sumen a la ciudadanía en un invierno social, muy lejos de aquellas primaveras que antaño animaban a participar en la vida pública. Lo único que nos queda a los ciudadanos es cruzar los dedos para que no nos toque el próximo drama, a sabiendas de la soledad y el abandono en que nos encontramos.

PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza

Eclipses de Sol, Luna y Sánchez

Sin duda, este agosto ha sido agotador, y más para nuestro máximo responsable, ya con tantos otros problemas con su familia, colegas y adversarios nacionales y mundiales. Si dudaste tanto en seguir por otros, no dudes más y no sigas hoy, por respeto a ti mismo, a tu legado, a los tuyos y a tu país, tras lo de Ceuta. Te lo pide quien tantas veces, aun antes de presidirnos, ha salido a apoyarte en los medios y en la calle.

MARTÍN SAGRERA / Madrid

El PP contra la salud pública

Ante la inminente aprobación de la nueva ley antitabaco, el PP ha vuelto a activar el mismo rancio repertorio de bulos, alarmismo y obstruccionismo. Ya ocurrió en 2005 y 2010, cuando vaticinaron el apocalipsis de la hostelería; una falacia que la realidad desmontó drásticamente al demostrar que el sector creció. La evidencia científica y la experiencia acumulada dejan claro que aquellas restricciones protegieron la salud de los trabajadores y ahorraron miles de millones en costes sanitarios gracias a un aire más limpio. Sin embargo, la derecha prefiere alimentar el miedo antes que asumir los datos, convirtiendo una cuestión de salud pública en una batalla electoralista. La diferencia entre la política responsable y el populismo es sencilla: una se guía por la ciencia y la otra por el rédito político. El PP debería explicar por qué vuelve a ponerse del lado del humo carcinógeno en lugar de defender el derecho de todos a respirar aire limpio. La salud de millones de personas no puede depender de quién grite más fuerte. La historia demuestra que los grandes avances sociales y sanitarios en España nunca llegaron de la mano del inmovilismo de la derecha, sino pese a él y gracias al impulso transformador de la izquierda. Ojalá la ciudadanía recuerde en las urnas quiénes obstaculizan el progreso colectivo.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / Madrid