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La sanidad pública andaluza

04-08-2026 / 08:30

Ponerse enfermo en Andalucía se está poniendo muy caro en paciencia. Y no será por los numerosos impuestos que pagamos durante toda nuestra vida. En Jaén no somos menos. Más de dos décadas esperando la ciudad sanitaria, con maquetas, promesas y todo tipo de declaraciones en la prensa, pero que no llega nunca. Dos hospitales en la capital con especialidades diferentes que nos hacen dudar a cuál debemos dirigirnos si tenemos que acudir de urgencias. Es más, tras el triaje, la mayoría de las veces te derivan al hospital de la otra punta de la ciudad, por muy dolorido que vayas, simplemente por esa falta de especialidades conjuntas. Se dan multitud de casos en los que, para una misma enfermedad, te tienen que asistir u operar en un sitio y en otro, con el consiguiente perjuicio para el enfermo y sus familiares, que ven atónitos cómo ese vapuleo roba atención y cuidados.

Ya no podemos culpar a la política. Da igual el partido que nos gobierne. La atención sanitaria es deficitaria desde todos los puntos de vista. Desde la atención primaria hasta una cirugía, la espera es desesperante. Pedir cita en tu centro de salud es una aventura a largo plazo. Si te vas a urgencias por esa lejanía de la cita, ya puedes ir sin prisa. No menos de cinco horas de espera te contemplan en una sala de indignación, de quejas y de pantallas que nunca funcionan.

Y como ejemplo, un botón. Llevo meses con un dolor de hombro que me produce adormecimiento de varios dedos de mi mano derecha. Después de diez días me atiende mi médica de cabecera y, sin pruebas, me manda calmantes. La afección continúa y se agrava hasta el punto de acudir a urgencias en tres ocasiones, donde solamente me hacen rayos X, sin tener, evidentemente, nada óseo, y para casa. En esa última visita a urgencias solicité una resonancia magnética que, según los facultativos, solo me podía pedir atención primaria. Otra cita tardía más tarde me la solicitan y, tres semanas después, me la deniegan. A todo esto, mi brazo inutilizado y dormido.

Ya indignado, vuelvo a urgencias y, ante mi insistencia y, según la persona que me atendió, jugándose su puesto de trabajo, me derivó a la privada H Medical para esa resonancia, con fecha bastante posterior. Me realizan la prueba y, tras varias citas en mi centro de salud sin obtener resultados, llamo a la clínica privada para reactivarlos. Después de otro mes de espera llegan a mi poder. Valía la medicación que me estaba tomando, puesto que mi problema es una bursitis que me atrapa nervios del hombro y que afecta a todo el brazo y la mano. La solución era fisioterapia.

Pues bien, por fin tengo la solución, señores. Una cita para septiembre después de casi cuatro meses o gastarme el dinero en fisios privados. Esta es la sanidad que tenemos y me consta que mi experiencia es solo un grano de arroz de la paella sanitaria andaluza. Un desastre que reconocen sus propios integrantes, que animan a los pacientes a denunciar.

RAFAEL ORDÓÑEZ MARTÍNEZ