Cualquier camino que queda por recorrer, siempre se nos descubre como incierto y frágil, por lo que el más mínimo instante debe llevarnos siempre a hacer un alto en el camino, para pensar en la continuidad o en el cambio de rumbo. Lo que está claro, que todos los latidos reflexivos son necesarios, para poder tomar conciencia de que nada somos por sí mismos; protegiendo, de este modo, tanto la dignidad individual como la convivencia sosegada entre pulsos diversos. La singularidad de cada ser humano está ahí, en todas nuestras acciones y reacciones que han de ser tomadas en libertad, pero a la vez con sentido responsable, en beneficio no únicamente de sus propios miembros, sino de toda la humanidad; que, más pronto que tarde, debe fraternizarse. No podemos marcar la historia de nuestro linaje, contradiciendo nuestro propio sentido natural viviente y humanitario, tornándonos más inhumanos y pasivos; en parte porque el poder dominador todo lo corrompe, haciendo de la vida, que debe ser un poema perfecto, una dolorosa pena vulgar, donde nadie reconoce a nadie, a no ser nada más que por el dinero.
La venganza y el odio campean por todas las atmósferas existenciales, deshumanizándonos totalmente. Rechacemos estos aires irreconciliables y pongámonos a embellecernos hermanados para reconstruir espacios que nos muevan los corazones, hacia el verso y la palabra, dejándonos acompañar por poéticas antes que por políticas mundanas, movidas exclusivamente por el interés del maligno. Pasemos, pues, de la equivocación humana ennegrecida al buen propósito de la lírica, que todo lo realza versando cosas humildes. Seamos esa pulsación esclarecedora y donante, reconstruyendo vínculos de auténtica amistad.
Precisamente, nuestra obligación radica en vivir una vida apacible conforme a la inspiración radiante, para que aquellos sufrientes y olvidados sean recibidos con compasión, solidaridad y amor. Jamás olvidemos que nos necesitamos entre sí. Nadie puede excluirse y no protegerse, máxime en una época en la que millones de niños crecen con la inteligencia artificial antes de que existan reglas para salvaguardarlos; cuando ésta además, avanza más rápido que las normas para controlarla. Volvamos a la voz de poesía, dejaremos de ser ciegos y no seremos sanguinarios. El desarrollo del orbe será un horizonte inclusivo de esperanza cuando los seres humanos, al igual que los verdaderos poetas, conserven sus ojos de niño, para adentrarse en lo melódico que nos circunda. Nuestro santuario interior tiene que recomponerse para poder poetizarse, para que el poder de los oligarcas tecnológicos que muchas veces supera al de los Estados, se reduzca con la placidez bucólica. Únicamente a través de la poesía, podremos despertar de los sistemas frívolos, al iluminarnos con la auténtica intuición artística que va más allá de lo que perciben los sentidos, intentando interpretar su mística envolvente. Tanto es así, que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le injertamos un buen sentimiento, enraizado a la mente poética, que todos llevamos consigo. Necesitamos el cambio y, para conseguirlo, hace falta una equitativa y armoniosa participación en los bienes. No podemos defraudar las expectativas de los pueblos y continuar viviendo en un caos permanente, atravesado por conflictos armados, desigualdad extrema, impunidad y una creciente fragmentación geopolítica. La ciudadanía en su conjunto y el ser humano como tal, debe estar en el centro del progreso, que no ha de reducirse al simple crecimiento económico, sino que debe ser integral e integrador, como lo es el calor de hogar. Tampoco cabe rendirse, sería lo último. El decoro es la épica del deber, que sumado al derecho de una justa protección social, nos hace ganar sosiego; aunque el amor nos agite, pues éste ha de costarnos, para que sea verídico.
VÍCTOR CORCOBA HERRERO / Jaén
La dieta del cerebro
Tal vez el problema no sea solo lo que comemos, sino lo que alimentamos en la cabeza. Porque al cerebro también habría que ponerlo a dieta, aunque no una de esas que se anuncian con entusiasmo y luego fracasan con más disciplina que el propio régimen. La dieta física, al menos para muchos, termina siendo una negociación permanente entre la balanza y el deseo; la del cerebro, en cambio, parece más seria: si la descuidamos, nos llenamos de ruido, ansiedad y pensamientos de sobremesa que no engordan el cuerpo, pero sí el ánimo. Quizá ahí esté la clave. Mientras unos cuentan calorías, otros acumulan estímulos, prisas y titulares como si fueran aperitivos inocentes. Y ya se sabe: la mente también se inflama, aunque no lo marque ninguna báscula. La diferencia es que el exceso mental no se resuelve con una ensalada, sino con un poco de silencio, algo de criterio y la valentía de no tragarse todo lo que nos sirven. En estos tiempos, más que dieta de adelgazamiento, al cerebro le hace falta una dieta de desintoxicación. Y eso, por desgracia, no se vende en envase pequeño ni con efecto inmediato.
PEDRO MARÍN USÓN
El fútbol es maravilloso
Noruega ha dado una lección a todo el mundo de sus posibilidades en el Mundial tras doblegar, y con buen juego más allá a de Haaland, a Brasil. Ahora se medirá a Inglaterra en cuartos. El equipo está lleno de moral. ¡Ojo con los vikingos!
FAUSTINO LASARTE GÁRATE
De defender... a propagar bulo
La estrategia del PP, copiada de Vox, de agitar la sombra del fraude electoral ante el voto de los descendientes del exilio franquista, cruza una línea roja. Calificar de amenaza o manipulación el reconocimiento de la nacionalidad a hijos y nietos de quienes huyeron de la dictadura no solo ataca la reparación histórica; adopta una retórica de deslegitimación institucional de tintes trumpistas que erosiona la confianza en el sistema electoral. La contradicción del PP es absoluta. Esta medida figuraba en su programa electoral de 2023 y la formación exigió facilitar el sufragio de los españoles en el exterior. Este doble rasero destapa una instrumentalización del origen que divide a la ciudadanía, sugiriendo que existen españoles de primera con derechos garantizados y ciudadanos de segunda cuya voz incomoda según el origen de sus familias. Sembrar sospechas sobre el censo electoral sin aportar una sola prueba no es fiscalizar el poder. Sugerir alteraciones en los resultados cuando las urnas no son favorables demuestra un preocupante rechazo a la pluralidad soberana. Utilizar el bulo del fraude exterior como herramienta política retrata el nulo compromiso democrático de un bloque obsesionado con el poder y dispuesto a fracturar la convivencia por cálculo electoral.
MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON