Son históricos los desastres urbanísticos que recordaremos para siempre en Jaén. El Teatro Cervantes es una muestra de ello. Un espacio cultural que fue santo y seña de la capital y que fue demolido cruelmente en una operación urbanística en 1975 para el aprovechamiento del boom inmobiliario de la época, con el fin de construir un bloque de pisos, lo que fue considerado un enorme atropello al patrimonio de la ciudad. Hace pocos días, en la céntrica plaza de la Constitución, solo se escucha el ruido de las máquinas, dentro de un recinto vallado, destruyendo un lugar de encuentro de jóvenes y no tan jóvenes. La obra del alfarero Paco Tito, el famoso botijo, desaparece de la zona sin que exista transparencia en la financiación ni datos que esclarezcan una operación urbanística con demora y tintes claramente políticos, en busca de sacar de sus dolencias al votante socialista.
La obra del ubetense parece tener como destino el entorno del edificio de Moneo, del antiguo Banco de España. Sin embargo, Paco Tito nos recuerda que dicha obra fue un homenaje a los alfareros de la provincia y que le fue encargada por el Ayuntamiento a raíz de los restos arqueológicos que salieron a la luz durante la construcción del aparcamiento subterráneo que se ejecutó hace 25 años. Pero el inconformista Julio Millán, alcalde de Jaén, quiere mucho más. No ceja en la idea de convertir el Ayuntamiento de Jaén en un hotel de cinco estrellas y trasladar las dependencias municipales al edificio de Correos. Recordemos que, desde 1922, el edificio de la plaza de Santa María alberga el Ayuntamiento, del que ahora Julio pretende romper la historia con el no de los restantes grupos políticos. Es cierto que el proyecto ha sufrido un frenazo por el inconveniente planteado por los comerciantes de la zona, por lo que el alcalde, con criterio partidista, emplaza a las urnas el avance de su capricho.
Hablando de caprichos y de urbanismo, no debemos olvidar el tranvía. Otra socialista de pro, Carmen Purificación Peñalver, nos coló en 2010 un ibertren sin batería. Dieciséis años después vemos en pruebas esa inversión de 120 millones de euros que vertebró la ciudad, rompió esquemas y se llevó por delante a decenas de pequeños negocios de García Triviño y del Paseo de la Estación. La entonces alcaldesa arrinconó los proyectos de la Ciudad Sanitaria y de la Ciudad de la Justicia para gastarse unos fondos cuya procedencia, a día de hoy, no está clara. Más reciente es la ampliación de la zona azul a diferentes calles de la ciudad. Gesto claramente recaudatorio que Epassa, en connivencia con el Ayuntamiento, impone a los jiennenses, que ya pagamos nuestro impuesto municipal de circulación. Existe un descontento general por esta medida, que daña una vez más el ya maltrecho bolsillo de los jiennenses. Si el señor Millán quiere hacer algo positivo, que comience por limpiar los solares abandonados de La Merced. Un nido de ratas campa a sus anchas. Quedar en “los botijos” e ir al “Pryca” en tranvía no será posible. ¿Y al Ayuntamiento de los Jardinillos?
RAFAEL ORDÓÑEZ MARTÍNEZ