Cada vez vemos más productos “sin”: cerveza sin alcohol, yogures sin azúcar, leche sin lactosa y muchos otros. Parece que vivimos en la época del “sin”, como si todo tuviera que venir quitándole algo: sin alcohol, sin grasa, sin azúcar, sin lactosa. Y, poco a poco, también sin margen en el bolsillo. Y así nos va: sin salero, sin gracia. No digo que estas opciones sean malas. Algunas son útiles y otras incluso necesarias para mucha gente. Pero también da la impresión de que el “sin” se ha convertido en una costumbre. Ya no solo elegimos por gusto o por salud, sino porque muchas veces no queda otra. Lo que antes era una elección ahora empieza a parecer una forma de vivir con menos. Y eso dice bastante del momento que estamos atravesando. En el comercio físico y digital todo parece nuevo, moderno y saludable, pero en la realidad de muchas casas lo que manda es la escasez. Se llama consumo, pero a veces suena más a renuncia. Y mientras nos adaptamos al mundo del “sin”, también crece el mundo del “con”: con problemas de salud mental. Tal vez el PIB siga sin contar lo que de verdad importa en este mundo “sin”, y nos informe más del mundo “con”.
PEDRO MARÍN USÓN