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Julia Luna, mítica voz del deporte

23-08-2026 / 09:03

Se ha jubilado una de las grandes e inconfundibles voces de la natación y de los deportes acuáticos de nuestro país. Me refiero a la periodista Julia Luna, que, a sus 63 años, abandona su profesión de narrar, con mucha pasión, las competiciones en Televisión Española (TVE).

Con la conclusión del Campeonato de Europa de deportes acuáticos, el domingo pasado en París, esta periodista deportiva pone punto final a su brillante trayectoria profesional. Esta toledana, que entró en la televisión pública allá por el año 1988, nos ha hecho vibrar frente a la pantalla en cada una de sus retransmisiones. Es, sin duda, una de esas voces de la televisión con las que nos hemos criado varias generaciones de espectadores. ¡La echaremos de menos!

JUAN LIÉBANA / Jaén

Este Papa es un tesoro

Me he enterado que un niño de un barrio barcelonés en destrucción para albergar a más turistas le preguntó al Papa “por qué hay tantas personas que viven en la calle”. Tras reconocer que es difícil responder, León XIV lo hizo “divinamente”: “Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos porque nos tiene preparada una alegría eterna”. Toca paciencia y esperar a morir para solucionarlo enseña así el hombre más rico del mundo y, como demuestra así una vez más, el mayor defensor de los demás ricos del mundo.

MARTÍN SAGRERA CAPDEVILA / Madrid

Justicia, ni a los niños

Lo peor de España, concluí hace tiempo como sociólogo, es la Justicia. Y esto ocurre hasta con los más indefensos, los niños. El 41% de los procesos por sufrir abusos sexuales se alarga más de tres años y el 12% más de cinco, impidiendo su recuperación; y en 2/3 de los casos no se aplica la prueba preconstituida, haciéndoles revivir su testimonio y trauma varias veces. ¿Cómo puede haber tantos jueces y políticos que toleren tanto tiempo tanta inhumanidad?

JOSEFA ORTEGA OLIAR / Madrid

Entornos

El presente siglo puede entenderse como una transformación constante de los entornos en los que vivimos. No se trata solo de cambios tecnológicos, sino de marcos que condicionan nuestras decisiones cotidianas. La obesidad y el sobrepeso son un ejemplo evidente: nos movemos en espacios que incentivan el consumo calórico y reducen el esfuerzo físico. Coche, ascensor, escaleras mecánicas y alimentos ultraprocesados configuran una normalidad que empuja en esa dirección. Algo similar ocurre con la soledad. En una sociedad hiperconectada, las redes sociales prometen compañía, pero a menudo sustituyen relaciones más profundas, generando una paradoja de conexión sin vínculo. La educación también refleja este desfase: sistemas que evolucionan con lentitud frente a un mercado laboral cambiante, lo que genera incertidumbre y frustración. Frente a estos entornos dinámicos, el político permanece casi inalterable, anclado en el enfrentamiento y en “y tú más” como forma de discurso. Quizá el problema no sea solo de instituciones, sino de nuestra dificultad para reconocer cómo estos entornos moldean nuestras conductas y para adaptarnos a ellos de manera consciente.

PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza