En unas sociedades cada vez más heterogéneas y diversificadas, resulta imprescindible avalar una interacción armónica y una voluntad positiva, deseosa de allanar los caminos a las diferentes culturas y cultos, al menos para poder convivir próximos. En este sentido, dicha convivencia constituye el fundamento vital de la humanidad; y, como tal, debe ser reconocido a la vez que consolidado, patrimonio común, conscientes de que todos debemos estar preparados para tomar el timón existencial, en comunión y en comunidad. Por desgracia, cada uno suele mirar demasiado a sus propios intereses mundanos y olvida que hay cosas que nos incumben a todos y que debemos cuidar. Nos toca dejar el impulso solitario y coger las llaves del corazón, para entendernos y atendernos. Hemos de conciliar realidades, pero sobre todo tenemos que reconciliar talantes. Hoy lo sabemos todo, o al menos eso pensamos al estar muy informados, pero nos movemos con las entretelas dañadas. Apenas nos conmueve nada, la pasividad nos envenena los latidos y la indiferencia nos aletarga el pulso. Únicamente nos preocupa lo nuestro, que lo ocupa todo en nuestros quehaceres cotidianos, sin apenas importarnos que los conflictos aumenten y que la inflación debilite las economías, repercutiendo en los más pobres, que tampoco cuentan con una red de seguridad. Por si esto fuera poco, los países de renta baja y los nidos de pocos ingresos, que son quienes menos culpa tienen de la crisis climática, son asimismo quienes más sufren sus efectos angustiosos. La corporación se humaniza cuando se sustenta en el amor, no en los honores o en los beneficios que puede reportarnos. Nuestra esperanza está en la sana familia, que es la que se hace referente y referencia, a la colectividad civil. La familia armónica es como el poema perfecto, sumatorio de versos adjuntos que nos engrandecen, por sus encauzados latidos diversos, en su encuentro con el verbo al calor del hogar, del que germina el brío de la inspiración, que todo lo perdona y absuelve; siendo cuna, casa y escuela de vida humana. Sin embargo, donde se rompen los vínculos, todo se complica y se quebranta, comienza el aislamiento y la marginación. En consecuencia, sólo fusionados podemos despertar como seres sensatos: humanizados y hermanados.
Realmente necesitamos lazos de unidad social estrechos, acrecentados por la conciencia de la responsabilidad propia de cada uno; pues, tan sólo, los buenos sentimientos pueden adherirnos. El beneficio nunca ha forjado coaliciones duraderas. Igual sucede con la economía global que hemos construido. Canaliza desigualdades tremendas que requieren actuaciones concretas de inmediato, como el fortalecimiento de los servicios públicos generales y los sistemas de cuidados, la garantía de acceso a un trabajo decente a través de un empleo público garantizado, con la introducción de mecanismos de seguridad de los ingresos, como la renta básica universal y la reducción del tiempo de trabajo, reconociendo además salarios justos y dignos a los trabajadores. Por ello, precisamos una versión humanitaria de ese espíritu mutuo benéfico, dejando a un lado diferencias, para dar lo mejor de uno mismo a los demás y que no se fragmente, lo que ha de unirse. En efecto, tenemos que pasar a la acción y los gobiernos tienen que comprometerse a crear entornos propicios para lograr un desarrollo social más humano, comenzando por invertir en las personas que, sin duda, es la inversión más sostenible que puede hacer una nación, ya que toda actividad humana transcurre dentro de la sociedad sin que pueda sustraerse a su influjo. Así, una sociedad no será floreciente, mientras todos sus miembros naveguen en la deshumanización e inhumanidad reinante, como es la de vivir juntos en soledad, sin hacer nada por nadie, con el único objetivo de dominar y poseer.
VÍCTOR CORCOBA HERRERO / Jaén
Trump se desinfla en Irán
Tras durar su guerra cuatro veces más de lo prometido y mantenerse el régimen y arsenal militar iraníes, Donald Trump ha tenido que firmar —y no en Suiza— un acuerdo en el que reconoce todos esos fallos cometidos, reforzando así a sus adversarios. Así dos tercios de los estadounidenses, es decir, hasta algunos de su partido, lo rechace, y que Estados Unidos, país que ya haya gastado y tenga que reponer una más que notable parte de su armamento militar. No cabe sino recordar el histórico. “¡Otra victoria como ésta y estoy perdido!”
MARTÍN SAGRERA CAPDEVILLA
Si la culpa es de los periodistas, mal camino llevan
En los días previos al duelo ante Arabia Saudí, ya avisó el seleccionador nacional de que los jugadores estaban “muy picados y escocidos” tras el empate ante Cabo Verde. Tras la gran victoria de España, no fueron pocas las voces que, más que alegrarse por la victoria, lanzaron ataques hacia la prensa. Ahora, qué pasa: ¿los jugadores reparten carnets para ver quién defiende a La Roja y quién no en función de lo que diga?. Los periodistas hacen su trabajo. Ganaron a Arabia Saudí, pero que sólo es el segundo partido. Si caen en cuartos o semis —ojalá no sea así—, ¿les decimos que qué bien lo han hecho cuando partían como favoritos para ganar el Mundial?
FAUSTINO LASARTE GÁRATE
¿Prioridad nacional?
En España las prioridades son, cuanto menos, curiosas: faltan médicos, sobran discursos y crece el silencio en las urnas. La huelga sanitaria se enquista mientras el país sigue funcionando como si la salud fuera un asunto menor. Y, sin embargo, sin salud —ni física ni mental— no hay trabajo, ni productividad, ni país. Más de un millón de trabajadores no acudieron ni un solo día a su puesto a lo largo de todo el año pasado. ¿De verdad es solamente absentismo o el síntoma de una sociedad ya más que agotada? Quizá el problema no sea quién falta, sino por qué cada vez más gente no puede sostenerse. Al mismo tiempo, ocho de cada diez familias reconocen que la presión económica condiciona su cesta de la compra. Se mantiene la calidad, sí, pero a costa de todo lo demás. Vivir se ha convertido en un ajuste permanente y constante para todos. Luego sorprende la abstención, como si desconectar fuera un capricho y no una consecuencia de todo. Tal vez la verdadera prioridad nacional no esté en los grandes anuncios, sino en algo más incómodo: cuidar la sanidad, aliviar a los hogares y devolver sentido a la participación. Frente al relato, hechos que no admiten ficción.
PEDRO MARÍN USÓN