A nadie sorprende que hoy el mundo esté cambiando. Asistimos al fin de un pasado marcado por el trabajo en fábricas y al surgimiento de otro donde la automatización y la robótica son los nuevos actores de la producción. Este cambio también afecta a los empleos de “cuello blanco”. El saber del contable, que antes era una “máquina” para controlar los números de la empresa, está siendo sustituido por inteligencias artificiales capaces de realizar en segundos cualquier tipo de análisis financiero y económico. Sin embargo, muchos empleos aportan poco valor económico real a las empresas, y las remuneraciones que ofrecen no llegan a satisfacer las necesidades humanas básicas. La sociedad debe encontrar un nuevo rumbo ante estos cambios, que solo son ejemplos de lo que arrasa en la vida económica. Nos venden ideología vacía ante una realidad tozuda que lleva al trabajador a la precariedad, dejando a demasiadas personas atrás. Se puede decir más alto, pero los gobernantes y políticos quieren que no desaparezca un mundo porque el que viene no están preparados para él; saben que, seguramente, no tendrán cabida en el futuro. Vivimos tiempos de “sálvese el que pueda”, a golpe de cero coma.
PEDRO MARÍN USÓN