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El eficiente europeísmo de León XIV

05-11-2026 / 08:24

Desde su elección, el Papa León XIV ha mostrado una atención peculiar por Europa: ¿Deferencia? ¿Temor y preocupación? Los diversos viajes que ha realizado por el continente han mostrado ambas interrogantes, aunque de manera especial por la segunda. Así se ha podido apreciar en el de España y más particularmente en el de Francia. Las claves de su mensaje las expuso de forma clara y contundente en el discurso que pronunció el lunes 28 de septiembre en el Centro de Conferencias “Robert Schuman” de Metz, en el desarrollo del encuentro “A las raíces de Europa por la paz y la unidad”.

Fueron diversos los temas que el Papa expuso en su largo discurso. Nos limitamos a escoger los cuatro que consideramos de mayor trascendencia resaltando cada uno ellos con sus propias palabras. Primero, las raíces cristianas desde el origen y desarrollo europeo: “Europa, en efecto, fue tomando conciencia de sí misma gradualmente en las épocas históricas de la civilización helenística, del Imperio romano y, posteriormente, de la difusión del cristianismo, integrando con el tiempo nuevas culturas como las germánicas y eslavas, entre otras, hasta abarcar regiones cada vez más vastas”. “No se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo, como bien sabía Robert Schuman cuando dijo: «El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos del mismo Dios, redimidos por el mismo Cristo, sin distinción de raza, color, clase o profesión. Ha reconocido la primacía de los valores interiores que solos ennoblecen al hombre. La ley universal del amor y de la caridad ha hecho de todo hombre nuestro prójimo y las relaciones sociales en el mundo cristiano desde entonces se apoyan en ella»”. El segundo tema fue el de la laicidad, puesto que parte de la sociedad está abandonando sus convicciones religiosas: “A este respecto, el artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea reviste gran importancia. Promueve «un diálogo abierto, transparente y regular» con las Iglesias, siempre en el respeto y sin prejuicio del «estatuto reconocido en los Estados miembros». La laicidad que rige la vida de los estados no sólo implica el carácter aconfesional de las instituciones civiles, sino que presupone una verdadera colaboración entre las partes, así como el respeto, por parte de las autoridades estatales y comunitarias, de la autonomía de las Iglesias y la promoción de su libertad de organización, de expresión y de culto.” El tercer tema destacado fue el problema migratorio: “De hecho, la Europa contemporánea se enfrenta a una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria”. León XIV volvió sobre este tema con las mismas palabras que pronunció en las Islas Canarias, en su reciente viaje a España: «La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra»” E insistía el Papa: “Todo esto, sin embargo, no sería suficiente: acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge.”

Y esto último ha sido siempre un tema discutido y particularmente causante del rechazo a ser acogido. Finalmente, el multilateralismo y la paz frente a la guerra. Es decir, el entendimiento y la actuación conjunta y concorde de varios estados: “Robert Schuman, conoció fronteras en continua evolución, contribuyó a sentar las bases de una Europa consciente de la urgencia de derribar los muros que la desgarraban. Su formación cristiana le educó en el valor de la igualdad, sin distinción de raza o clase social, y le enseñó la dignidad del trabajo. La sucesión de diversas soberanías nacionales le inculcó la importancia del derecho internacional y el valor de la palabra dada.

Habiendo crecido en un contexto donde el orgullo y la venganza parecían prevalecer, Schuman se comprometió con la paz y la hermandad entre los pueblos que, después de haber luchado durante mucho tiempo, finalmente reconocieron que se necesitaban mutuamente”. Y sintetizaba con las palabras, siempre actuales, contenidas en la Declaración Schuman: “La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas”. Fue realmente un discurso histórico, realista y optimista. Una clara y firme invitación de León XIV en favor de una gran Europa unida, una Europa de todos y para todos.

JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / ÚBEDA

Clasismo... todo al tren

En España hemos tenido desastres muchos peores y con responsabilidad política mucho más directa que los 69 muertos de Urda: desde los 192 muertos del 11 M de Aznar hasta los 4.000 de las vacunas con Rajoy, los 7.291 muertos en residencias de Ayuso y los 228 ahogados del sordo Mazon. Pero eran víctimas del pueblo, no de los de arriba, como ahora, con incluso una exministra del PP. Esto y la cercanía de las elecciones han propiciado el enorme escándalo farisaico montado por el PP y el neofranquista Vox, feroces carroñeros buscando presa con la darse un festín.

RAFAEL GARCÍA DE LA TORRE / Jaén