Hoy quiero hablar del bypass de Montoro. Y no lo voy a hacer como político ni como periodista. Lo voy a hacer como ingeniero mecánico, con un máster en Ingeniería del Transporte Terrestre y Logística, pero también como usuario del tren desde que tengo memoria. El pasado 5 de septiembre estuve en la manifestación de Linares-Baeza contra este proyecto. Y hubo una cosa que me llamó muchísimo la atención. Allí había gente de prácticamente todos los partidos. PP, Vox, Izquierda Unida, Podemos... incluso Comisiones Obreras. En algo tan polarizado como está la política hoy en día, ver a tanta gente distinta defendiendo una misma causa ya dice mucho. Pero hubo una ausencia que también llamó la atención. El PSOE llegó tarde y prácticamente de incógnito. Se colocó detrás de los manifestantes, intentando pasar desapercibido. Hasta que un vecino se acercó al representante del PSOE en Linares y le preguntó algo muy sencillo. “¿Por qué no das un discurso? ¿Por qué no sales a defender a tu ciudad?”
Según recuerdo aquella conversación, él respondió que no era nadie, que no era el alcalde y que no necesitaba un micrófono para hacer su trabajo. Y ahí fue cuando muchos nos quedamos pensando. ¿Cómo que no puedes hacer nada? Hace no tanto vimos al ministro de Transportes, Óscar Puente, aquí en Linares durante la campaña andaluza. Dio un mitin en la ciudad y el representante del PSOE de Linares estaba allí con él Entonces, si has compartido escenario con el ministro, si puedes trasladarle directamente el problema de tu ciudad... ¿de verdad no puedes hacer nada? No te estoy pidiendo que decidas tú solo. Te estoy pidiendo que pelees por tu tierra. Que le digas a tu ministro que Linares no quiere este bypass. Que le expliques por qué miles de personas están preocupadas. ¿Tan difícil es dar ese paso? ¿Da miedo enfrentarse a tu propio partido? ¿O pesa más conservar el puesto que arriesgarlo defendiendo a quienes te han elegido? Son preguntas que dejo en el aire.
Y ahora sí, vamos a hablar del bypass. He oído muchas veces que este proyecto es más rentable porque ahorra tiempo y dinero. Pero yo creo que ahí está el primer error. El ferrocarril no puede medirse solo por cuánto dinero gana. El tren es un servicio público. La línea Mora-Alcázar-Linares no solo une ciudades. Da vida a muchísimas localidades del norte de Jaén y de Castilla-La Mancha. Cuando quitas trenes de una línea, no solo estás quitando un medio de transporte. Estás quitando oportunidades. El segundo motivo tiene que ver con la seguridad y con el funcionamiento de la red. Ahora mismo prácticamente todo depende de la línea Córdoba-Madrid. Y yo me pregunto... ¿De verdad es buena idea meter todavía más tráfico por el mismo sitio? Ya tuvimos el accidente de Adamuz. No quiero otro. No porque el tren sea inseguro. Todo lo contrario. Como ingeniero puedo decir que sigue siendo uno de los medios de transporte más seguros que existen, solo por detrás del avión. En ingeniería siempre intentamos evitar tener un único punto de fallo. Mantener un segundo corredor operativo no es un capricho. Es una garantía. Y el tercer motivo es el que más me cuesta entender. ¿Para qué invertimos millones en modernizar la estación de Linares-Baeza? ¿Para qué mejoramos los túneles de Despeñaperros? ¿Para qué renovamos las vías si luego no pasan trenes? ¿Y para qué queremos líneas convencionales si, a la mínima incidencia, acabamos todos metidos en un autobús?
Y ahora quiero hablar como usuario. Hace poco mi pareja y yo hicimos un viaje desde Jaén hasta Huesca. Solo organizar el viaje ya fue un quebradero de cabeza. No podíamos comprar los billetes enlazando un tren con otro porque no confiábamos en que el primero llegara puntual. Así que tuvimos que dejar varias horas de margen entre un tren y el siguiente. Horas. Simplemente por miedo a perder el enlace si había un retraso. Al final fueron tres transbordos. Dos trenes. Y un autobús porque había obras. Y lo más triste no fue tardar todo el día en llegar a Huesca. Lo más triste fue tener que planificar el viaje dando por hecho que algún tren iba a llegar tarde. Y después de una experiencia así, os hago una pregunta. ¿De verdad esa es la imagen que queremos dar del ferrocarril español? Porque yo, antes de cualquier viaje importante, ya ni siquiera sé si puedo confiar en llegar a tiempo.
Muchas veces la única opción es salir el día anterior y hacer noche en Madrid para asegurarte de que no pierdes el siguiente tren. Y eso no es normal. Después de Adamuz mucha gente ha perdido la confianza. No en el tren, sino en quienes gestionan el sistema. Y eso es mucho más difícil de recuperar. Yo he vivido toda mi vida a tres metros de una vía de tren. He crecido escuchando pasar locomotoras. Siempre he sentido orgullo por el ferrocarril. Pero nunca había visto tanta resignación como ahora. Antes lo raro era un retraso. Ahora lo raro es que todo salga perfecto. Antes el ferroviario conocía su línea como la palma de su mano. Había una tradición ferroviaria que pasaba de padres a hijos. Ahora da la sensación de que todo son subcontratas, cambios constantes y pérdida de experiencia. Antes la calidad del servicio era la norma. Ahora las incidencias parecen formar parte del viaje. Antes la puntualidad era lo esperado. Ahora los retrasos son casi una costumbre. Y da la sensación de que el usuario ha dejado de ser lo importante. Y quiero terminar con un mensaje para el ministro de Transportes. Señor Óscar Puente. ¿De qué sirve presumir de tener una de las mayores redes de alta velocidad del mundo si la gente deja de utilizar el tren porque ya no confía en el servicio? Porque al final no recordamos los kilómetros de vía construidos. Recordamos si llegamos a tiempo. Si pudimos hacer el viaje tranquilos. Y si el tren estuvo cuando lo necesitábamos. Todavía estamos a tiempo de corregir decisiones. A veces rectificar no es perder. A veces rectificar es demostrar que se escucha a la gente. Porque el ferrocarril no son solo vías y trenes. Es desarrollo. Es cohesión territorial. Es igualdad de oportunidades. Y, sobre todo, es la confianza de millones de personas que cada día deciden subirse a un tren. Gracias por leerme.
JESÚS LOBÓN
El Muro de Valdepeñas de Jaén
El pasado sábado, la Vuelta Ciclista a España recorrió 155 kilómetros y, con un sol abrasador, disputó la decimocuarta etapa por nuestro inmenso mar de olivos. Con salida en la capital del Santo Reino y llegada a la Sierra de La Pandera (1.872 metros de altitud), en la Sierra Sur, también disfrutaron del paso de los ciclistas los municipios de Mancha Real, Torres, La Guardia de Jaén, Los Villares, Fuensanta y Castillo de Locubín. En esta cita de las dos ruedas tampoco podía faltar el paso del pelotón por la atractiva Valdepeñas de Jaén, coincidiendo con el final de sus fiestas patronales en honor al Santísimo Cristo de Chircales. Aquí es ya famosa la subida por las calles Vilchez, Farjas y Chaparral, conocida como el Muro de Valdepeñas de Jaén, una rampa urbana que requiere de un enorme esfuerzo hasta coronar la zona alta del pueblo. Como no podía ser de otra manera, los valdepeñeros y todos los visitantes se volcaron en este tramo con La Vuelta, una edición más. Sin duda alguna, impresionaba contemplar las imágenes de Televisión Española (TVE) de ese trayecto con los ciclistas y un pueblo entregado totalmente.
JUAN LIÉBANA LÓPEZ / Jaén