Llega la hora de irse a la cama y solo de pensarlo entran sudores. Tras la segunda ola de calor, ya asoma la tercera, puntual como una cita incómoda. Intentamos abandonarnos al descanso, pero el calor convierte ese gesto cotidiano en una batalla. La diferencia empieza en la habitación: no todos pueden permitirse aire acondicionado. Los remedios caseros —como enfriar la almohada— apenas ofrecen un alivio fugaz. El cuerpo, expuesto a una temperatura que no desciende, no logra engañarse: necesita condiciones adecuadas para cumplir una función básica: dormir.
Las horas pasan entre vueltas y más vueltas. El aire no refresca, el cuerpo no cede. La noche se alarga en una vigilia impuesta por el termómetro.
Para algunos, en periodo de vacaciones, la fatiga será más llevadera. Pero para quienes deben madrugar, cada jornada comienza con una pregunta repetida en el trabajo: “¿Has podido dormir?”. La respuesta, casi siempre, es la misma: “Lo intentaré esta noche”. Quizá convendría dejar de asumir este mal descanso como algo inevitable y empezar a entenderlo como lo que es: una consecuencia más de un clima cada vez más extremo y de unas condiciones que no afectan a todos por igual.
A todo ello se suma el encarecimiento de la electricidad tras la retirada de medidas fiscales. Entre el calor y el coste de enfriar la casa, el descanso se convierte, para muchos, en un lujo. Suben no los caprichos, sino necesidades básicas como dormir o poder descansar en vacaciones. ¿Qué será lo próximo?
PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza
Mercaderes del miedo
La regularización extraordinaria de migrantes que ya conviven y trabajan con nosotros sería la octava de la democracia. El PP de Aznar ejecutó tres de ellas, otorgando papeles a más de 520.000 personas en procesos que tildaban de ejemplares. La iniciativa actual emana de una ILP avalada por 700.000 firmas, sindicatos, patronal y la propia Iglesia. Sin embargo, el PP actual, por puro oportunismo y pánico electoral ante Vox, abraza una demagogia xenófoba repugnante y vende la medida como una “perversión” del censo electoral. Mienten sin pudor y pretenden llevar el asunto a Europa pese a que la propia UE siempre ha delegado esta competencia en cada Estado. Para colmo, tras el acoso de la derecha, el Tribunal Supremo abre la puerta a paralizar el proceso por supuestas dudas normativas. Una maniobra mezquina que, me temo, dejará a un millón de personas en un limbo legal despótico. Es una absoluta vergüenza. El PP pisotea su propia historia legislativa, renuncia a la mínima coherencia y secuestra la moralidad pública por un puñado de votos. Una oposición desalmada que trafica con el miedo y destruye la cohesión social no merece la confianza de los ciudadanos. ¡Vergüenza!
MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / Madrid
Entendió mal el Evangelio
Un hombre fue detenido por intentar besar a unas peregrinas a Santiago de Compostela. Jesús insistió en que hay que amar al prójimo, sí, pero con buena intención, que los hizo para que se supiera en la noche que era él, y pudieran detenerlo también. De ahí que el besucón pueda tener más éxito, si tiene buenas intenciones, si intenta besar a las que van al baile, no en peregrinación.
JAUME MIT PAU / Barcelona