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Dimitir no arregla las vías

06-11-2026 / 08:23

La dimisión de Óscar Puente como ministro de Transportes, junto con su renuncia a concurrir en las listas de Valladolid, abre una nueva etapa política. Pero no debería cerrar el debate sobre lo esencial: la seguridad de la red ferroviaria y la confianza de quienes viajan en ella. Que un ministro asuma su responsabilidad política puede ser un gesto necesario tras dos accidentes de tanta gravedad. Sin embargo, una dimisión no repara vías, no revisa protocolos, no mejora el mantenimiento ni devuelve por sí sola la tranquilidad a millones de pasajeros. Lo esperable no era únicamente una salida del Gobierno, sino la puesta en marcha inmediata de un plan serio y verificable: una auditoría independiente de la seguridad de toda la red de alta velocidad; una revisión del mantenimiento, la señalización, los sistemas de control y la coordinación entre Adif, Renfe y las operadoras; y un calendario público con medidas correctoras, responsables y plazos.

La ciudadanía necesita saber qué falló, qué se está corrigiendo y cuándo. No basta con anunciar reformas genéricas: hacen falta datos, controles externos y comunicación clara con los viajeros. La responsabilidad política de un ministro es importante, pero la responsabilidad institucional exige algo más: garantizar que el sistema ferroviario vuelva a ser seguro. La dimisión puede ser un primer paso. Ahora debe venir la parte difícil: actuar con rigor, transparencia y urgencia. Porque lo que está en juego no es una campaña electoral, sino la seguridad de quienes cada día confían su viaje al tren. No pedimos solo un plan: exigimos resultados verificables, plazos públicos y una red ferroviaria en la que viajar deje de ser motivo de preocupación. ¿Cuándo será? Tras tanta tragedia, ya no cabe el clásico “corre, corre”: hace falta rigor, no urgencia mal entendida.

PEDRO MARÍN USÓN / ZARAGOZA

Robert Schuman, el político de Europa

En diversos momentos del viaje del Papa León XIV a Francia hizo referencia a Robert Schuman, un personaje del siglo XIX-XX de gran relevancia en Europa, aunque ahora su nombre haya quedado un poco en el olvido. De hecho, el último día de su estancia en el país galo varios actos se celebraron en el “Centro de Conferencias Robert Schuman” de Metz. Jean-Baptiste Nicolas Robert Schuman, ese era su nombre completo, nació en Luxemburgo en 1886 y falleció en Scy-Chazelles en 1963. Estudió Derecho en las universidades de Múnich, Bonn y Berlín; graduándose finalmente en la Universidad de Estrasburgo. Como abogado abrió su propio bufete en Metz en 1911. Desde muy pronto se vio involucrado en la vida política francesa hasta alcanzar puestos de máxima responsabilidad como Ministro de Justicia, Ministro de Finanzas, Ministro de Asuntos Exteriores o Presidente de la Asamblea Parlamentaria Europea. Pero su nombre ha quedado grabado para la historia de manera particular por el discurso que pronunció el 9 de mayo de 1950 a las 18 horas en París, en el Salón del Reloj del Quai d’Orsay ante más de doscientos representantes de la prensa nacional y extranjera: Aquel día nació la Unión Europea, que tras diversas evoluciones es la actual Comunidad Económica Europea (CEE). El famoso discurso se conoce desde entonces como la “Declaración Schuman”.

Robert Schuman era ya un hombre reconocido no solo por su prestigio profesional, sino como una persona recta e íntegra, católico practicante en cuya vida predominaba la idea de Dios. Prueba de ello es que se encuentra abierto el proceso de beatificación y canonización. Su pensamiento político lo expuso brillantemente en el único libro que escribió, “Por Europa”, y en el que se recogen párrafos como el que se cita a continuación: “La democracia debe su existencia al cristianismo. Nació el día en que el hombre fue llamado a realizar en la vida de todos los días la dignidad de la persona en su libertad individual, en el respeto de los derechos de cada uno y en la práctica del amor fraternal para con todos. Nunca, antes de Cristo, se habían formulado semejantes conceptos”.

Y el mismo Papa León XIV recogió en uno de sus discursos en Francia otro párrafo del citado libro: “Que esta idea de una Europa reconciliada, unida y fuerte sea, a partir de ahora, la consigna para las jóvenes generaciones deseosas de servir a una humanidad liberada al fin del odio y del miedo y que, después de desgarramientos demasiado largos, aprende nuevamente la fraternidad cristiana”.

JUAN ANTONIO NARVÁEZ SÁNCHEZ / ÚBEDA

Invertir más no significa riesgo cero

El trágico accidente de tren reabre el debate sobre la seguridad ferroviaria. Es indudable el esfuerzo presupuestario: desde 2017, la inversión ha pasado de los 1.700 millones de euros del Ejecutivo de Rajoy a 5.000 millones en 2025. El gasto en conservación también ha crecido, subiendo de 45.000 euros por kilómetro en 2018 a más de 71.000 en 2025.

¿Se puede invertir más? Siempre, pero los recursos son finitos y gobernar implica priorizar y asumir renuncias. Los primeros indicios apuntan a una concatenación de fallos: una avería del sistema y un error humano al aplicar los protocolos. De confirmarse, habrá que auditar los procedimientos para corregir las vulnerabilidades, asumiendo que el factor humano nunca se elimina del todo. La seguridad ferroviaria debe ser una prioridad absoluta, pero conviene recordar que la infalibilidad no existe. Toca esclarecer los hechos, depurar responsabilidades y aprender de la tragedia.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / MADRID

Torres de Albanchez con el bienestar

Es fundamental que los municipios pequeños de nuestra provincia mantengan y amplíen los servicios públicos a la ciudadanía. Es muy importante que exista una potente cobertura sanitaria y educativa, así como buenas vías de comunicación, tanto por carretera como por internet. También, cada vez más, se está extendiendo la celebración de eventos deportivos y la creación de instalaciones para la actividad física dirigidas a todos los sectores de la población, ya que el deporte ha entrado de lleno en nuestras vidas. Un ejemplo de ello lo encontramos en Torres de Albanchez, en la comarca de la Sierra de Segura. Esta pequeña villa, con 735 habitantes, dispone desde hace unas semanas de un Gimnasio Municipal. Es, sin duda, una excelente noticia que viene a completar la oferta de ocio y tiempo libre para los torreños. Estoy seguro de que este espacio deportivo dará respuesta a las necesidades de los vecinos en materia de actividad física y rendimiento deportivo y, cómo no, contribuirá también a mejorar su bienestar psicosocial. Es primordial e imprescindible que todas las administraciones se vuelquen con los núcleos de población con menor censo para que, de esta manera, se logre poner freno a la temida despoblación.

JUAN LIÉBANA / JAÉN