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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Desazón y tristeza

07-06-2026 / 08:48

Reconozco públicamente el sentimiento que me embarga ante el aluvión de noticias con la corrupción como denominador común. Un turbión que taladra nuestras atribuladas mentes y nos deja turulatos. El común de los mortales lucha día a día con innumerables retos: salarios muy ajustados, hipotecas, alquileres, cesta de la compra, obligaciones tributarias y un sinfín de deberes que se ve obligado a cumplir en su prosaico día a día; sin embargo, comprueba perplejo que quienes debieran ser un espejo en el que reflejarse, un modelo de probidad y bonhomía, se comportan quebrantando todos los códigos éticos y muy probablemente también el código penal. Urge una catarsis para que el pueblo, convertido en mero contribuyente, recupere la confianza en la clase política. Esta situación me recuerda el final del libro Rebelión en la granja, de George Orwell: “Los animales de fuera miraron del cerdo al hombre y del hombre al cerdo y nuevamente del cerdo al hombre, pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”. Los animales, que miraban desde fuera por la ventana, somos los ciudadanos anónimos de a pie; desazonados, tristes y sobre todo, profundamente decepcionados. “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”, el filósofo Séneca dixit.

FRANCISCO JAVIER SÁENZ

Un cristiano muy práctico

Jesús dijo: “¡Ay de vosotros los ricos, porque tenéis la consolación en la Tierra!”. Para salvarlos, con el característico sentido práctico de los yanquis, León XIV les pide en su visita a España hasta un millón de euros, con lo que así, a poco que le visiten, pronto irán, ya pobres, al cielo.

MARÍA FAES RISCO

No hay quien pueda dormir por las noches

Parece una tontería, pero dormir por las noches debería considerarse un derecho humano en estas noches de principios del mes de junio. No quiero pensar en lo que pasará cuando lleguen julio y agosto, pero lo cierto es que el calor es absolutamente sofocante... ¿Ha llegado ya la primera ola? Van unas cuantas.

MANUEL JESÚS FERNÁNDEZ

El fútbol ya no se ve, se pide

Es curioso cómo el Mundial nos revela una verdad incómoda: más de la mitad de los españoles gastará entre 51 y 200 euros en delivery (comida a domicilio) durante el torneo. El fútbol ya no se vive en el barrio, en la plaza, en el bar de toda la vida. Se ve solo, con el teléfono, con el menú de pizza en una mano y el mando en la otra. El fútbol colectivo, el de la tertulia entre vecinos, el de la comida compartida en casa, el de la paella dominical mientras se comenta el partido, está muriendo. Lo reemplaza el “menú del fútbol que levanta pasiones”: un delivery frío, solo, consumido en soledad digital. ¿Cuántos abuelos enseñan fútbol a sus nietos en la plaza? ¿Cuántas familias hacen la comida mientras ven el partido? La respuesta duele: casi ninguno. Es el precio de la “conveniencia”: el fútbol se mira solo, la comida se pide hecha, la experiencia colectiva se transforma en un paquete de Uber Eats y una contraseña. Eso sí “gooool de España” en las redes. El Mundial debería unirnos. En lugar de eso, nos aísla. Comemos solos, vemos solos, comentamos solos. Interconectados en el mundo, viviendo solos en el ocio, es al parecer el futuro de las relaciones de la actual sociedad.

PEDRO MARÍN USÓN