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Crece el PIB, pero ¿crece el bienestar?

26-09-2026 / 09:02

Se suele presentar el crecimiento del PIB como una prueba de que la economía mejora. Sin embargo, para muchas familias la realidad se mide de una manera mucho más sencilla: al pasar por caja en el supermercado, pagar la factura de la luz o llenar el depósito del automóvil. Los datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que el gasto medio por hogar alcanzó en España los 34.044 euros en 2024 y subió hasta los 35.101 euros en 2025. A primera vista, podría parecer una señal de prosperidad. Pero conviene observar en qué se gastó ese dinero. En 2025, los hogares desembolsaron una media de 5.626 euros en alimentos y bebidas no alcohólicas, 236 euros más que en 2024. La alimentación ya representaba el 16% del presupuesto familiar. La vivienda, el agua, la electricidad, el gas y otros combustibles absorbieron 11.665 euros por hogar, un 5,8% más que el año anterior y el 33,2% del gasto total. El transporte supuso otros 4.020 euros.

En conjunto, alimentación y vivienda se llevaron casi la mitad del presupuesto medio de los hogares. Para el 20% de las familias con menor nivel de gasto, estos dos grupos alcanzaron el 61,5% del presupuesto. En esos hogares, cualquier subida de los precios del supermercado, de la electricidad o del combustible reduce inmediatamente el dinero disponible para la salud, la educación, el ocio o el ahorro.

La renta neta media por persona también aumentó, según la Encuesta de Condiciones de Vida. Pero una media nacional no explica por sí sola cómo llegan a fin de mes los pensionistas, los trabajadores con salarios bajos, las familias monoparentales o quienes viven de alquiler. Además, los datos de renta de la ECV 2025 se refieren principalmente a los ingresos obtenidos en 2024, por lo que no reflejan plenamente la situación actual.

Por eso sería conveniente que, junto al PIB, se difundiera con mayor claridad un indicador de bienestar basado en la evolución de la renta neta real y del gasto imprescindible: alimentos, vivienda, energía y transporte. No es lo mismo gastar más porque una familia puede permitirse consumir más que gastar más porque todo cuesta más. El crecimiento económico solo será verdaderamente significativo cuando se traduzca en una mejora del poder adquisitivo y de las condiciones de vida. El PIB puede crecer, pero la pregunta decisiva sigue siendo otra: ¿cuánto queda en el bolsillo de las familias después de pagar lo necesario para vivir? No se trata de ideologías, sino sencillamente de vivir.

PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza

Diálogo o desastre mundial

Dada la velocidad a la que crecen las armas de destrucción masiva y también los instrumentos que permiten erosionar y destruir la tierra y manipular la información y por tanto la actuación de los pueblos, se hace todavía más necesario un lugar de encuentro y diálogo entre todos, como ya se vio y acordó en 1945, las NN UU, pero al que demasiados intereses partidistas han ido erosionando, incluso ahora, cuando —en parte por ello— es más necesario.

JAUME MIT PAU / Barcelona

Sin wifi

Decido ir a caminar por un entorno rural. La primera sensación es que una embriagadora soledad me acuna con mimo. Me adentro poco a poco en una naturaleza plena de colores, matices, sonidos y olores; un cielo azul, límpido y majestuoso domina todo. Deambulando, unos mugidos atraen mi atención y veo cómo un ternero succiona las ubres de su madre mientras pace tranquila y protectora. Sigo caminando y un olor agrio, penetrante, golpea mi pituitaria; tras una alambrada, un par de cerdos hozan y gruñen desafiantes. Minutos más tarde, un macho cabrío con sus cuernos curvos y la típica barba, me observa amenazante; mi primer impulso es persignarme. Acelero el paso y tras un recodo, dos orejas largas y erguidas llaman mi atención; un borrico pocholo que de repente, rebuzna mientras me mira. Muy cerca, una recua de caballos trotan despreocupados; un pequeño rebaño de ovejas amodorradas además de gansos y gallinas son el final de una clase magistral de naturaleza en estado puro, sin wifi, ni falta que hacía.

FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ / Lasarte - Oria

Locura imperialista de Donald Trump

Por si fuera poco, el que EE UU haya sido el único país que se ha opuesto a la revisión por las NN UU del mapamundi del siglo 16, que exageraba la extensión de los países del Norte y Sur, ahora, provocando ya las lógicas reacciones de protestas de los afectados, Trump ha publicado un mapa con la bandera de EE UU ocupando México, Canadá, Groenlandia y las islas del Caribe. ¿Qué esperan para neutralizar a ese trastornado que tanto daño ha hecho ya a su propio país y al mundo entero?

MARTÍN SAGRERA CAPDEVILA / Madrid

Nuestra cruda realidad política

Einstein nunca presumió de sabio, ni Napoleón de misericordioso. Pero hace poco hemos oído al rey actual atribuir a España el imperio de la Justicia, cuando ésta tardó tanto en actuar contra su padre; y a Sánchez, con todo lo que le ha caído, pretender ser elegido presidente por tercera vez.

DIEGO MAS MAS / Madrid

Cuando la opinión se convierte sentencia

Cada vez encuentro más personas afectadas por lo que han leído sobre ellas en redes sociales, y hay algo que me inquieta especialmente: ver cómo alguien opina con absoluta seguridad sobre una historia de la que solo conoce una versión. No me preocupa que la gente opine. Opinar forma parte de vivir en sociedad. Me preocupa la facilidad con la que una opinión se convierte en sentencia cuando falta contexto. Leemos una publicación, vemos una fotografía, escuchamos un relato y completamos lo que no sabemos con nuestras propias certezas. En pocos minutos aparecen culpables, inocentes, intenciones y veredictos. No es que las redes sean el problema, es que a través de ellas nuestra voz llega más lejos y más rápido y, a veces, directamente a quien estamos juzgando sin conocerlo. Y ahí aparece algo que quizá estamos olvidando: la responsabilidad de la palabra. Una palabra puede parecer pequeña para quien la escribe y convertirse en un gran dolor para quien la recibe. No porque tengamos que callarnos, sino porque antes de hablar podríamos pararnos a pensar que detrás de cada historia hay algo que simplemente no conocemos. Antes de sentenciar, quizá falte algo tan sencillo como una pregunta: ¿qué parte de esta historia no conozco? A veces, esa duda no solo evita hacer daño al otro; también evita que carguemos con un juicio que quizá nunca nos correspondió.

ANA MARÍA GARCÍA VALENZUELA