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Congreso abortista

11-09-2026 / 08:18

En nuestro país estamos viviendo una ya prolongada crisis demográfica como lo demuestran las cifras. Mueren más personas que los niños que nacen y estamos en una tasa de 1,10 hijos por mujer. Es evidente que no hay un relevo generacional. La población crece gracias a la inmigración. Frente a esta realidad el próximo 1 de Octubre se reunirá en Barcelona el Forum Internacional d’Aliances pel Dret a l’Avortamemt. Todo ello organizado por el programa Vull Avortar de L’Associacio pels Drets Sexuals i Reproductius, que cuenta con el apoyo económico y político de los Ministerios de Sanidad e Igualdad y los departamentos de Salud e Igualdad y Feminismo de la Generalitat. Es decir: un congreso abortista. El Estado garantiza, sostiene y financia el aborto mientras que no ofrece ayudas suficientes a las mujeres que quieren seguir adelante con su embarazo y que se ven abocadas a la pobreza. El problema real es que las mujeres no tienen una protección que les ayude a tener un hijo y todas son facilidades para abortarlo. No parece ser la solución subvencionar los asesinatos.

LOURDES CAMPS CARMONA / Barcelona

Sajonia-Anhalt

Este pequeño länder acapara gran parte de las noticias. Los sajones-anhaltinos acaban de votar de forma abrumadora al partido que creen que les solucionará o aliviará, tras la demoledora victoria, en sus cuitas cotidianas; las mismas que las nuestras: economía, sanidad, seguridad, educación, etc. ¿Por qué han tomado esa libre decisión? Es una perogrullada decir que los partidos tradicionales, el establisment, han fracasado estrepitosamente; se han apoltronado en el poder haciendo caso omiso a las reivindicaciones del pueblo. Estas elecciones han demostrado que los cordones sanitarios y cortafuegos, han logrado un efecto bumerán; los gerifaltes y capitostes de los partidos derrotados de forma humillante han recibido un baño de fría realidad: No se debe tomar por lelos a los votantes. El debate confrontando los programas y no las invectivas excluyentes, el respeto y no la estigmatización, la humildad y no la soberbia, deben primar en la clase política. Un fantasma recorre Europa con paso firme y pausado; aviso a navegantes y barbas en remojo.

FRANCISCO JAVIER SÁENZ MARTÍNEZ / Lasarte-Oria

Cuesta de septiembre: asfixia cotidiana

La cuesta de septiembre de 2026 se perfila como la más dura de la historia reciente. Dos de cada tres españoles reconocen afrontarla con mayor presión económica que hace un año, lastrados por una inflación desmedida y unos ingresos estancados que erosionan su capacidad adquisitiva.

La alimentación concentra buena parte de esa asfixia. La cesta de la compra es ya un 40% más cara que en 2021, y la sequía estival en Europa amenaza con encarecer aún más los cereales y los frescos. No es extraño que muchas familias estén cambiando sus hábitos: la comida preparada gana terreno como opción principal para ganar tiempo y previsión, aunque sin renunciar del todo a cocinar en casa.

A estos gastos fijos se suman los previsibles pero exigentes de la vuelta al cole —más de 500 euros iniciales por alumno y hasta 2.500 euros de gasto total anual— y los “gastos hormiga” de un verano en el que siete de cada diez españoles ya ajustaron o cancelaron sus planes. El resultado es un estrés creciente que vincula salud mental y salud financiera, con hogares que, aun ahorrando más, se ven obligados a renunciar a cosas esenciales y a recurrir a la financiación externa: la deuda de las familias supera ya los 720.000 millones de euros.

Frente a este panorama, urgen políticas que alivien la presión sobre los costes energéticos y logísticos de la cadena alimentaria, medidas fiscales que protejan a los hogares de menores ingresos —los más castigados por esta inflación regresiva— y apoyos concretos a las familias para que la educación no sea un lujo. Solo así septiembre dejará de ser sinónimo de desbordamiento y culpa para convertirse en un mes de verdadera puesta en marcha. Hacienda hace caja fiscal. ¿Nos llegará algo a la ciudadanía?

PEDRO MARÍN USÓN / Zaragoza

Empacho de feminismo

Como sociólogo, he escrito varios libros en reivindicación del sexo femenino, la anticoncepción, el aborto necesario, etc. Pero hace tiempo que constato hasta qué punto se ha dividido, reducido y degenerado el movimiento feminista en Madrid. Este 8 de marzo, por ejemplo, y en la mayor manifestación feminista, recibía mil sonrisas una mujer que reivindicaba el ser... sacerdotisa. Y hace poco se montó una biblioteca con sólo libros escritos por mujeres.

MARTÍN SAGRERA CAPDEVILA / Madrid

Gracias a Trump

Sí: “Del enemigo el consejo”. Durante el franquismo y tras largos años en Francia e Italia, los EE UU me dieron también buenas lecciones de democracia. Ahora recibo otra, aunque bien amarga, de Trump: no hipotecar mi libertad ni con quien parecía ser un gran amigo, hoy con tanto poder y que nos declara “vasallos”. Triste y costoso aprendizaje, que aquí el novato y ya tan autodestructivo Abascal, digo, Vox, pretende ignorar para sacar tajada.

JAUME MIT PAU / Barcelona

Cuando la amenaza se materializa en el país alemán

El estremecedor 43,8 % de los votos obtenido por Alternativa por Alemania en Sajonia-Anhalt ya no es un síntoma local, sino una advertencia global. La Alemania actual no es la República de Weimar, pero ignorar los paralelismos sería una irresponsabilidad histórica. Como en la década de 1930, el extremismo actual capitaliza el miedo a la inmigración, la frustración económica y el rechazo a las élites mediante un nacionalismo excluyente. Hitler no destruyó la democracia desde fuera: se sirvió de sus propios mecanismos y libertades, en una sociedad profundamente dividida, para desmantelarla desde dentro. Este auge no implica que el nazismo regrese de forma idéntica, sino algo aún más inquietante: el fascismo, la idea que Europa creyó haber desterrado, vuelve a encontrar un respaldo masivo en el corazón del continente. La historia no se repite, pero rima. Cuando el radicalismo se consolida como una mayoría potencial, la complacencia es complicidad. Mirar hacia otro lado ante la erosión democrática equivale a aceptar el regreso de las tragedias que creíamos superadas.

MIGUEL FERNÁNDEZ-PALACIOS GORDON / Madrid